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El narco futbolista: cómo la máscara de empresario y jugador cubrió una red transnacional

La captura y extradición de Sebastián Marset desvela una vida paralela entre estadios, cárceles y envíos de cocaína

Redacción Más España

Redacción · Más España

15 de marzo de 2026 3 min de lectura
El narco futbolista: cómo la máscara de empresario y jugador cubrió una red transnacional
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La historia de Sebastián Marset no es una novela de improbable ascenso; es un expediente en el que se cruzan prisión, contactos internacionales y la construcción deliberada de una identidad pública para proteger operaciones criminales.

Detenido por primera vez a los 22 años en Uruguay por transportar 172 kilos de marihuana, Marset reapareció tras pasar cinco años en prisión y reconstruyó su vida en Paraguay y Bolivia con una doble faz: empresario y futbolista a la vista, presunto coordinador logístico del tráfico de cocaína en la sombra. No hay lugar para lirismos: los hechos marcan una trayectoria que se profesionalizó y tejió vínculos con organizaciones de toda la región.

Los informes señalan que, tras salir de la cárcel en 2018, Marset cultivó relaciones con grupos en Paraguay y Bolivia, supuestamente vinculados a organizaciones como el PCC brasileño y la Ndrangheta italiana, y que enviaba cargamentos con destino a Europa. La fachada era perfecta: productor de espectáculos, empresario automotor, y hasta pago por fichar en un club de la segunda división paraguaya para lucir la camiseta número 10. Esa apariencia pública no borró, según las investigaciones, su papel en cadenas de tráfico que movieron toneladas de cocaína.

La investigación denominada "A Ultranza Py" asestó el golpe más contundente: la operación, la mayor contra el tráfico de cocaína en Paraguay, vinculó a Marset con casi 11 toneladas de droga halladas en un cargamento en Amberes en 2021, y con otros responsables locales cuya detención dejó al descubierto alianzas entre crimen organizado y estructuras capaces de operar a gran escala.

No escaparon a la mirada internacional: Estados Unidos ofrecía hasta 2 millones de dólares por información que permitiera su detención. La recompensa y la inclusión de Marset entre los cinco más buscados por la DEA no son titulares sensacionalistas; son la traducción en cifras de la gravedad de su presunta actividad y del impacto de sus actos más allá de fronteras.

Su captura en Santa Cruz de la Sierra, su inmediata extradición a Estados Unidos y el anuncio oficial de la Oficina de Narcóticos Internacionales del Departamento de Estado cerraron un ciclo. Pero las imágenes y el relato —el tatuado que jugaba con identidad falsa en ligas locales, el empresario que blanqueaba recursos— dejan una lección: las fachadas deportivas y comerciales son instrumentos de lavado y de legitimación para estructuras que operan en la penumbra.

Queda en el expediente, también, la sombra sobre el asesinato del fiscal Marcelo Pecci, figura central en la investigación "A Ultranza Py" y asesinado en 2022; Marset ha sido señalado en ocasiones como supuesto responsable, aunque no se le presentaron cargos por ese crimen. Ese dato obliga a separar lo probado de lo señalado y a mantener la exigencia de claridad en las responsabilidades penales.

El caso Marset, contado en los hechos, obliga a ver con nitidez la trama que une cárceles, migración de operadores delictivos, cooptación de apariencias y el tránsito de cargamentos desde Bolivia y Paraguay hacia mercados europeos y norteamericanos. No es sólo una historia de un hombre: es la radiografía de cómo el narcotráfico contemporáneo teje redes que cruzan países y se protegen bajo la apariencia de ciudadanos normales.

Que la detención y la extradición se hayan concretado no deben ser la última imagen. La investigación internacional, la coordinación policial y judicial, y la exigencia de respuestas sobre los vacíos que permitieron la vida pública y la impunidad parcial de un acusado, son asuntos que exigen seguimiento. La sociedad merece conocer la verdad en cada eslabón probado, sin confundir la teatralidad del personaje con la gravedad de los hechos documentados.

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