El juicio Kitchen vuelve a apuntar a Rajoy y a las cúpulas del PP
La Audiencia Nacional cita al expresidente en la vista oral que desnuda responsabilidades y tensiones internas

Redacción · Más España


La cita con la verdad —esa incómoda verdad que los tribunales persiguen con papeles y preguntas— obliga ahora a Mariano Rajoy a sentarse ante la Audiencia Nacional. El jueves volverá a declarar el expresidente del Gobierno y del partido, llamado por tercera vez a un estrado de gran calado tras sus intervenciones en los procesos de Gürtel y de los papeles de Bárcenas, donde en anteriores ocasiones negó la existencia de la llamada caja b, constatada por los tribunales.
No es un trámite menor. La vista oral sobre la operación de espionaje conocida como Kitchen, que arrancó a principios de abril y se prolongará hasta finales de junio, ha ido subiendo de tensión a medida que se citan voces que estuvieron en el corazón del poder del PP. Desde la primera semana quedó patente el esfuerzo de la dirección de Alberto Núñez Feijóo por marcar distancia con el pasado: comparecencias medidas, silencios calculados y la decisión de prescindir de Rajoy en actos públicos relevantes. Pero la citación del expresidente, aunque sea en calidad de testigo, devuelve el peso de la historia al primer plano.
El calendario procesal no perdona: junto a Rajoy declararán este jueves María Dolores de Cospedal —ex secretaria general del partido— y altos cargos que ocuparon el Ministerio del Interior, como Juan Ignacio Zoido y José Antonio Nieto, que sustituyeron respectivamente a Jorge Fernández Díaz y Francisco Martínez, estos últimos sentados en el banquillo con una petición de la Fiscalía Anticorrupción de 15 años de cárcel. Antes que ellos desfilarán ante los magistrados Luis Bárcenas, su esposa Rosalía Iglesias y defensores o testigos cercanos, que han sostenido durante años la tesis de que el espionaje exigía la connivencia de altas esferas del partido.
El sumario de Kitchen pintó desde el inicio un mapa de contactos, apodos y obligaciones que rozan los despachos del poder. En la instrucción nunca llegó a llamarle a declarar el magistrado instructor, pero el nombre de Rajoy siempre estuvo sobrevolando las pesquisas, con indicios indirectos y referencias de terceros en una documentación extensa. La vista oral, por primera vez, lo trae a la sala para que responda ante las partes y ante la sociedad.
La estrategia política del PP encuentra así una prueba de fuego. El partido había intentado virar la conversación pública hacia las causas judiciales que afectan al Gobierno de Pedro Sánchez y esquivar la sombra de Kitchen y Gürtel; sin embargo, la acumulación de testigos de la era Rajoy —desde Ignacio Cosidó, que ya declaró y quiso desmarcarse, hasta nombres que aún han de comparecer como Soraya Sáenz de Santamaría o Javier Arenas— va tensando la madeja y obliga a dar explicaciones en sede judicial.
Como muestra de esa contorsión táctica, el PP acordó que, el mismo jueves en que Rajoy comparezca, el ex consejero delegado de Air Europa, Javier Hidalgo, testifique en la comisión del Senado sobre el caso Koldo, una comparecencia que los populares justifican por el procesamiento dictado respecto de Begoña Gómez, pese a que las supuestas vinculaciones con Air Europa fueron excluidas de esa causa por falta de indicios. Es la política de desvíos: mover otras piezas del tablero cuando las luces se posan sobre el propio palacio.
Sea cual sea el resultado probatorio, la jornada procesal de esta semana es un claro recordatorio de que las responsabilidades políticas y las preguntas públicas no se disuelven con el silencio ni con gestos de distancia partidista. El tribunal llama, los testigos contestan y la historia, otra vez, exige rendición de cuentas. Rajoy, sus antiguos colaboradores y quienes manejaron entonces las riendas del Ministerio del Interior tendrán frente a sí la oportunidad —y la obligación— de aclarar lo que los expedientes y las declaraciones han ido dejando sobre la mesa.
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