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El juicio de Ábalos ahoga la agenda de un Gobierno en defensa

La causa devuelve al primer plano el mayor desgaste del PSOE y monopoliza la semana política

Redacción Más España

Redacción · Más España

9 de abril de 2026 2 min de lectura
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El juicio de Ábalos ahoga la agenda de un Gobierno en defensa
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Hay semanas que marcan una línea de ruptura en la percepción pública. Esta es una de ellas. Lo que debía ser una semana productiva para el Ejecutivo —con buenos datos de empleo y medidas en el Consejo de Ministros— ha quedado sepultado por el juicio al que se somete el exministro Ábalos. Lo que emerge de la sala no es sólo espectáculo judicial: es el agujero negro que más ha erosionado al PSOE en los años de Pedro Sánchez: corrupción, nepotismo y conductas que revuelven a buena parte de la opinión pública.

El Gobierno camina estos días a la defensiva. Sus propios ministros confiesan que los detalles del proceso les resultan “repugnantes”, “dolorosos”, “desoladores”. Y asumen, con crudeza, que hablar de otra cosa en la escena política nacional resulta casi imposible mientras el juicio siga en curso, salvo la excepción de la crisis en Irán, que mantiene al presidente en la arena internacional.

No es irrelevante que una medida relevante —la reforma para garantizar el aborto en centros públicos— quedara fagocitada por preguntas sobre Ábalos en una rueda de prensa. No es anecdótico que los episodios de enchufes y pagos relacionados con la vida privada del acusado llenen tertulias y titulares. El coste político existe y se nota, sobre todo en el voto femenino, donde el lenguaje y las actitudes que emergen del juicio generan rechazo.

Sin embargo, el Ejecutivo insiste en un argumento preciso: lo que hoy se escucha en sede judicial ya estaba en la instrucción; no aparecen datos nuevos. Esa convicción explica la esperanza oficial de que el daño inmediato esté en buena medida descontado. “Fue un error tener a Ábalos en puestos tan importantes”, reconocen dentro del Gobierno, pero añaden que se trata de comportamientos individuales y no de un sistema de financiación ilegal similar al caso Kitchen del PP.

Hay, no obstante, una conciencia incómoda: la coincidencia temporal de escándalos —el propio del PSOE y el que afecta al PP— complica la narrativa oficial. Intentar responder al desgaste con el “y tú más” no cura la desafección ciudadana; la alimenta. Y mientras la política interna se incendia, el presidente opta por centrarse fuera de España: la situación internacional y una nueva visita a China ocupan su agenda, un refugio estratégico que pretende convertir en ventaja diplomática y económica.

La lección que deja esta semana es clara y amarga para el Gobierno: una crisis de conducta personal puede llegar a paralizar la agenda pública. Que las revelaciones no sean nuevas no atenúa su impacto emocional ni mediático. Y que la Dirección del PSOE quiera circunscribirlo a la esfera individual no evita que la ciudadanía juzgue colectivamente. El desafío, por tanto, es convertir la explicación en gestión diligente y en claridad moral; sin eso, los silencios y las evasivas sólo prolongarán la desolación política que hoy invade a La Moncloa.

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