El daiquiri del poder: cuando los hilos coinciden en el Supremo
Hidalgo, Aldama y la noche de San Petersburgo abren una ventana incómoda sobre el rescate a Air Europa

Redacción · Más España


El 21 de abril de 2026, en el Tribunal Supremo, se plantó Javier Hidalgo con esa mezcla de suficiencia y cansancio que describía la crónica: el empresario que responde sin abogado, parco, indolente, con una pizca de chulería, como quien calcula el tiempo que le separa de un daiquiri y un avión.
Pero no había lugar para la ligereza. Hidalgo no está imputado, sí era testigo en el juicio conocido como Mascarillas, y su comparecencia proyectó sobre la sala las aguas turbias que rodean al rescate público a Air Europa. Allí confluyen nombres y conexiones que el propio proceso ha puesto en primer término: Aldama como figura ubicua, la relación con Delcy Rodríguez, interlocuciones en Ministerios como Industria o Economía, y referencias que rozan los contornos del poder político.
La audiencia tomó un giro cuando la abogada de Koldo le preguntó directamente por Begoña Gómez y por "la noche de San Petersburgo". Hidalgo negó conocer qué se contaba sobre esa noche. Fue una negativa que no despejó la inquietud; la mención dejó en evidencia que en el juicio afloran ecos que trascienden al empresario y apuntan hacia eslabones políticos y sociales de alto rango.
No fue el único sobresalto. El nombre de José Luis Rodríguez Zapatero asomó, invocado por el letrado de Aldama, en la pregunta sobre si Zapatero había precedido a Hidalgo en el encargo de cobrar la supuesta deuda que Delcy y su entorno mantenían con Air Europa. Hidalgo contestó que no le constaba o que no lo recordaba. Otra negativa que, lejos de cerrar, abre preguntas sobre quiénes intervinieron en aquel entramado económico y político.
El propio Aldama reapareció como una presencia omnipresente en las declaraciones: el comisionista cuya voz en el audio famoso y emotivo —una grabación previa al rescate público en la que Aldama se mostraba exultante— no consiguió conmover a Hidalgo, que la consideró irrelevante. Para él, más importante era que Air Europa recibió un préstamo con "las peores condiciones del mundo entero" y que, según su queja, Iberia fue tratada con preferencia.
Sea como fuere, las comparecencias de Hidalgo y otros testigos han servido para certificar lo que ya se intuía: Aldama se movía con extraordinaria libertad en ámbitos ministeriales y tenía contactos que atravesaban departamentos. La instrucción y el proceso han obligado a mirar hacia atrás, a recordar cómo se narró inicialmente este episodio: desde el Gobierno defendiendo que Aldama era un mentiroso hasta la maquinaria de descalificaciones que lo situaba alternadamente como topo o como empresario vinculado al PSOE.
Acabe como acabe el juicio, ver a nombres como Ábalos y Koldo en el banquillo, escuchar versiones cruzadas y asistir a ex altos cargos respondiendo a preguntas del fiscal, constituye por sí mismo una forma de justicia: la del escrutinio público. Esa exposición obliga a la política a rendir cuentas y a los ciudadanos a no cerrar los ojos ante los hilos que conectan lo económico con lo político cuando la transparencia brilla por su ausencia.
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