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El Albaicín se levanta contra la invasión silenciosa del turismo

Vecinos organizados y partidos llevan a la política local un grito que ya no admite complacencias

Redacción Más España

Redacción · Más España

11 de mayo de 2026 3 min de lectura
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El Albaicín se levanta contra la invasión silenciosa del turismo
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Hay imágenes que dicen más que los argumentos. Al caer la tarde en el mirador de San Nicolás, decenas de turistas se apiñan en 40 metros de poyete para atisbar La Alhambra; argentinos, japoneses, suizos, cámaras y móviles en alto, todos en busca de una instantánea perfecta. Ese gentío, ese paisaje de cuerpos cruzados y maletas por las estrechas calles árabes del Albaicín, es hoy el indicador más claro de un conflicto que ya no cabe en la complacencia.

No hablamos de una quimera urbana: hablamos de negocios tradicionales que resisten —el bar Los Mascarones, abierto en 1967; Casa Pasteles, desde 1928— frente a novedades que cambian el paisaje comercial en apenas año y medio, como la tienda de pastéis de nata. Es la anécdota y es la tendencia: transformación acelerada, sustitución de oficios, desaparición de locales de toda la vida.

El Albaicín fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1994. Hoy, sus vecinos denuncian el fenómeno que sufren muchas ciudades turísticas: vaciado de viviendas tras el fallecimiento de propietarios, proliferación de alojamientos turísticos y encarecimiento de la vivienda. No son lamentos aislados: Albayzín Habitable, con alrededor de 400 integrantes, canaliza estas quejas y convoca una mesa de debate en vísperas de unas elecciones autonómicas que marcarán responsabilidades políticas.

La política ya ha entrado en el barrio. El Ayuntamiento, con mayoría absoluta del PP y Marifrán Carazo como alcaldesa, impulsó en julio de 2024 una normativa para regular las viviendas de uso turístico que el Tribunal Superior de Justicia ha suspendido por motivos formales, según fuentes municipales, mientras el Consistorio anuncia que subsanará y retomará la iniciativa. En la Junta, una Ley de Turismo Sostenible impulsada por el Gobierno autonómico quedó sin votación final por la disolución del Parlamento autonómico; faltó el último trámite.

Los partidos han convertido el problema en parte de la campaña: visitas, promesas y gestos. Por Andalucía llegó al barrio Antonio Maíllo con un mensaje tajante —"o pisos turísticos o familias viviendo"—; el PSOE ha reconocido la labor de la asociación Albayzín Habitable con un premio reciente. Pero la asociación considera insuficiente la respuesta municipal. No se discute la utilidad económica del turismo: la propia Andalucía cerró 2025 con 37,9 millones de visitantes, un 5,2% más que el año anterior. El choque, más bien, es por la convivencia y por la ciudad que se quiere preservar.

No es un debate local sin consecuencias. En la ciudad de Granada, en 2022, el PP ganó con 53.123 votos; el PSOE obtuvo 22.543 y Vox 16.648. En la provincia, el PP consiguió seis de los 13 escaños y aspira a aumentar representación. La provincia, la cuarta andaluza por renta per cápita, mezcla turismo y funcionario en la capital, explotación hortofrutícola en la Costa Tropical y municipios con rentas muy bajas; el desempleo, aunque a la baja, sitúa a la provincia entre las más afectadas, con una tasa del 15,05%.

Frente a esos números y a la vida real de sus barrios, los vecinos del Albaicín reclaman no una ciudad sin visitantes, sino otra manera de pensar la ciudad: frenar la especulación, proteger el espacio de encuentro vecinal y evitar un punto de no retorno. Rafael Fuentes-Guerra, miembro de Albayzín Habitable, lo resume con claridad: no están contra el turismo, están contra la masificación.

El reto es político y es administrativo. Hay instrumentos —normativas municipales, leyes autonómicas— que han intentado actuar, pero han chocado con problemas formales o con la ausencia del último trámite parlamentario. Queda por ver si las soluciones serán contundentes y eficaces o si volveremos a contemplar el fenómeno como una postal turística más, a costa del paisaje humano y del patrimonio vivo del barrio. El Albaicín reclama que no se trate su identidad como un reclamo fotográfico: es un espacio habitado y su defensa exige decisiones firmes, no gestos electorales.

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