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Doblegar la apatía: Maíllo desafía el confort del poder en Andalucía

Antonio Maíllo plantea duplicar el resultado de 2022 y apunta las grietas del gobierno de Moreno Bonilla

Redacción Más España

Redacción · Más España

24 de abril de 2026 3 min de lectura
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Doblegar la apatía: Maíllo desafía el confort del poder en Andalucía
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Antonio Maíllo no se conforma con cifras ni con encuestas: se marca un objetivo rotundo y medible —doblar, el 17 de mayo, los resultados que Por Andalucía obtuvo hace cuatro años— y lo coloca como reto personal y político. Es preciso decirlo con claridad: no son meras proclamas de campaña; son un compromiso anunciado y una lectura del escenario electoral que él considera posible y urgente.

Habla Maíllo de entusiasmo palpable tras el acuerdo en Andalucía, pese al verso suelto de Adelante Andalucía. Señala la alianza como “punto de inflexión” y camino sin retorno hacia la unidad de las izquierdas de cara a las generales. Es una afirmación que apela a la movilización y a la esperanza como motores del cambio: si la masa crítica se activa, las encuestas, que él denomina termómetro, quedarán desbordadas por el voto real.

En su diagnóstico sobre el PP y Juanma Moreno hay certidumbre y admonición. Maíllo admite que las encuestas no muestran el desgaste que ellos desearían, pero insiste en que la tendencia es clara: Moreno Bonilla acusa desgaste; la clave estará en la capacidad de movilización sobre un 40% de indecisos. En ese espacio, según él, se juega el resultado final. No es una apuesta abstracta: es una convocatoria directa a quienes dudan a tomar partido y a convertir la indecisión en fuerza política.

No omite las pugnas de discurso: para Maíllo, el acuerdo del PP con Vox en torno a la 'prioridad nacional' legitima tesis de la extrema derecha y desdibuja la supuesta moderación del PP. Ese tránsito, sostiene, abre dos fisuras en la campaña de Moreno: la pérdida de credibilidad ante pactos con Vox en otras comunidades y la invocación del miedo como arma electoral —«si no quieres a Vox, no votes al PP»—, que él interpreta como signo de pánico y contradicción.

La campaña de Por Andalucía se ancla además en problemas concretos y mensurables: Maíllo señala el deterioro de la sanidad —listas de espera para médico de cabecera que van de 11 a 20 días—, fallos en cribado de cáncer de mama y demoras de «500 días» en dependencia. Son asuntos que coloca en el centro del relato: el hilo que ata la crítica al gobernante no es retórica, sino servicios públicos que, a su juicio, exigen solución y una estabilidad que signifique satisfacer esas demandas.

Sobre su ambición personal, Maíllo expresa una mezcla de determinación y desapego al protagonismo: reclama coherencia con su trayectoria y descarta la complacencia con resultados repetidos. Si no se alcanza la meta, no promete huir ni retórica de excusas; si la consigue, lo que busca es contribuir al cambio de gobierno y a políticas que beneficien a la población andaluza. Y, en un comentario que entra en el terreno de la intervención nacional, sentencia: «Si Sánchez tiene un problema con Ábalos, que se lo haga mirar, pero no es Yolanda Díaz la que tiene que salir del gobierno», frase que sitúa su mirada más allá de Andalucía hacia la salud del espacio progresista en el Estado.

La estrategia que propone es clara: transformar el diagnóstico en movilización. Doblar resultados no es, en su veredicto, una quimera estadística sino una exigencia de trabajo de proximidad, convencimiento ciudadano y puesta en primer plano de las fallas públicas que, según Maíllo, explican el hartazgo. Queda por ver si la campaña logra convertir el termómetro en termita electoral: calentar la indiferencia hasta hacerla imparable.

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