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De la fuga de Segovia a la vida pública: la rendija por la que se coló la historia

Relatos de huida, amnistías y reinserciones que trazan una geografía política inesperada

Redacción Más España

Redacción · Más España

3 de abril de 2026 3 min de lectura
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De la fuga de Segovia a la vida pública: la rendija por la que se coló la historia
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Hubo una noche de túneles y linternas caseras. Hubo botas que ocultaron planos y manos que cavaron hasta que se abrió la vía de la huida. Hubo, después, amnistías que reconfiguraron destinos. Y de todo ello queda un rastro que la historia política y cultural española no puede eludir.

Patxi Bisquert, actor que acabaría protagonizando Tasio, no figura entre los 29 fugados: salió indultado el 5 de diciembre de 1975, cuatro meses antes de la fuga. Sin embargo, su voz es clave para comprender el mecanismo: participó "desde dentro y desde fuera", cavó túneles, hizo de topo y, según contó, sacó "los planos de la fuga bajo mis botas" para pasarlos a los responsables en el exterior. Hecho concreto, testimonio directo, pieza de un rompecabezas que terminó en celuloide.

Porque la fuga no sólo fue una operación: fue también materia para el cine. La película La fuga de Segovia (1981), de Imanol Uribe, contó con la presencia de tres de aquellos implicados: Imanol Gaztelumendi y Mikel Unanue se interpretaron a sí mismos, y Ángel Amigo ejerció como guionista y productor. La historia, así, se convirtió en memoria pública y en industria cultural; el hecho se metamorfoseó en relato.

La lista de quienes participaron y sobrevivieron a la amnistía ofrece destinos dispares: algunos dejaron las armas y se integraron en la vida civil; otros tomaron rumbos diferentes. Bixente Serrano Izko, por ejemplo, después de la amnistía, se incorporó a la actividad política en formaciones como Euskadiko Ezkerra y Auzolan, y llegó a ser diputado del Congreso en 2015 por Geroa Bai. Carmelo Garitaonaindia Garnacho, liberado tras la fuga, se convirtió en profesor universitario y figura como catedrático de Periodismo en la UPV; llegó a ser vicerrector. Son trayectorias de reinserción que constan en el registro público.

Otros nombres aparecen salpicados por la historia: Ángel Amigo, preso por el secuestro de Felipe Huarte en 1973; varios condenados por ese mismo secuestro compartieron cárcel y fuga. Entre ellos aparecen personas con trayectorias posteriores controvertidas —el artículo recuerda, con hechos publicados, la atribución a Aitzol Iriondo Yarzasu de varios asesinatos— y otras que, tras la amnistía, no muestran registros públicos de actividad terrorista.

La mayoría de los fugados de ETA, según la información recabada, abandonaron la banda tras ser indultados. Nombres como Bittor Arana, Ramón Aurtenetxe Marco, José Begiristain Aranzasti, Iñaki Garmendia Otamendi o Iñaki Gartzia Aranbarri, entre otros, aparecen vinculados a etapas posteriores muy distintas: algunos a la política municipal, otros a actividades profesionales como la espeleología y la fotografía de viajes. La variedad de destinos es un dato objetivo que interpela sobre el alcance real de las amnistías.

No todo fue tránsito limpio: Luis Armando Zabalo, veterano implicado en la fuga, fue detenido en la huida en 1976, se benefició de la Ley de Amnistía y años después fue candidato de HB en Basauri; en 1984 fue detenido y, tras un episodio, huyó a Francia y quedó vinculado a la cúpula. El relato, cuando se mira en frío, es plural y contradictorio: hay reinserción, memoria, cultura y también episodios de persistencia del conflicto.

¿Qué nos sugiere este puzle de datos? Que la historia no transcurre en línea recta. Una fuga que fue plan, ejecución y película desemboca en amnistías que permiten trayectorias que van desde la enseñanza y la representación cultural hasta la política y, en algunos casos, el retorno a la violencia. Hechos documentados obligan a preguntarnos, sin hipérboles: ¿cómo distinguimos entre reinserción legítima y riesgos de impunidad cuando la política entra en juego? ¿Qué responsabilidad tiene la sociedad y el Estado en la reconstrucción de tejidos democráticos tras aquellos episodios?

No corresponde aquí la moraleja fácil ni la simplificación: corresponde atender a los hechos publicados y extraer de ellos una lección elemental para la política. La ley y las decisiones de amnistía dejaron huellas tangibles. La política democrática debe medir, con prudencia y firmeza, las consecuencias de decisiones que cambian vidas y reconfiguran el espacio público. Porque la historia de la fuga de Segovia no es sólo un relato del pasado: es un mapa de pruebas sobre el que se siguen trazando caminos del presente.

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