Cuerpo estrena vicepresidencia y tiende la mano: ¿unidad o blindaje?
El nuevo vicepresidente primero apela a agrandar la 'tarta' mientras el PP lo acusa de proteger al sanchismo

Redacción · Más España


Carlos Cuerpo ha hecho su entrada en la Vicepresidencia primera con un gesto público: tender la mano al PP para, dice, mantener un modelo de crecimiento y garantizar liderazgo internacional en tiempos volátiles. No es una frase protocolaria: reclama un tono constructivo "que es lo que esperan los ciudadanos" y plantea que, tras los buenos datos económicos, toca "bajar un escalón para asegurar que todo llega realmente a la ciudadanía".
Esa imagen conciliadora se acompasa con una metáfora clara y literal: "hacer la tarta más grande para poder repartir más". La frase dirigida a la senadora de EH Bildu resume la apuesta del nuevo vicepresidente por una traducción tangible del crecimiento en revalorización salarial y mejoras palpables para empresas y ciudadanos. Es, en definitiva, una promesa de eficacia económica con rostro social.
Pero la cámara no da tregua. Alicia García, portavoz del PP en el Senado, devolvió la oferta con advertencias y epítetos: dibujó el nombramiento en "dos estampas": "la frustración del eterno aspirante" y "el recelo de quien considera que usted es una mala persona". García situó a Cuerpo como "máximo representante del sanchismo" y le preguntó, sin paños calientes, si venía a "proteger la corrupción" y a "blindar a Sánchez".
La réplica del PP no se quedó en lo retórico: aludió al calendario político inmediato. El estreno de Cuerpo coincide, dijo García, con la primera jornada del juicio a José Luis Ébalos, a quien presentó como el "corazón del sanchismo sentado en el banquillo". La pregunta lanzada al vicepresidente fue directa: "¿Va a pedir perdón por lo robado?".
En ese cruce de acusaciones y ofrecimientos, la escena parlamentaria mostró algo más que dos discursos contrapuestos: mostró la tensión entre un mensaje de gestión —crecimiento traducido en salarios y reparto— y una ofensiva política que lo coloca como escudo del Ejecutivo. Cuerpo habla de continuidad y de traducir datos macro en beneficios reales; el PP apunta a responsabilidad política y a la identificación personal con el proyecto de gobierno que hoy se juzga en la sede judicial.
El desafío es claro y público: lograr que la retórica de "hacer la tarta más grande" se convierta en hechos verificables sin que se diluya en el enfrentamiento político. La mano tendida existe en el discurso; la respuesta popular exhibe desconfianza y exposición judicial. De ese cruce, y no de los gestos, dependerá si los ciudadanos ven más sintonía de gestión o más teatro de culpabilidades.
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