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Cuerpo: el señuelo que reordena la política del poder

Un tecnócrata discreto que el Gobierno esgrime para virar la agenda hacia la economía

Redacción Más España

Redacción · Más España

30 de marzo de 2026 3 min de lectura
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Cuerpo: el señuelo que reordena la política del poder
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Carlos Cuerpo recibe la cartera de la Vicepresidencia Primera de manos de María Jesús Montero. Esa es la primera y diáfana pieza del tablero: un nombre, una función, un relevo que el Ejecutivo exhibe con intención y calculada calma.

Sánchez ha vuelto a apostar por la excepción con decretos; repite fórmula y repite ritual. En su práctica política reciente los reales decretos son ya músculo habitual. Cada vez que el PP titubea en su decisión de apoyar o no, entra en escena la maniobra de fondo: Bolaños procura apoyos (hasta de Puigdemont) para que la abstención del PP resulte prescindible y el Gobierno pueda avanzar sin Presupuestos firmes. El resultado es conocido: se sale del trance con decretos y con Cuerpo al frente de una Vicepresidencia que, en la prosa del Ejecutivo, promete subrayar la prioridad económica.

La claque se derrite y deshace en elogios hacia el discreto tecnócrata; la Oposición, por su parte, aparece descolocada. Cuerpo, independiente del PSOE pero dependiente del diseño político de Sánchez, funciona como dique y como señuelo: para unos, alivio; para otros, cebo. Es preciso observar la paradoja: sin Presupuestos o con Presupuestos frágiles, ahora no es el presupuesto el núcleo visible, sino Cuerpo.

La semana no sólo ha revelado la capacidad de maniobra del Gobierno, sino también la obediencia práctica de sus socios. Sumar se pliega con disciplina: la abstención de Podemos en determinados momentos se interpreta como un movimiento calculado y encajado en la estrategia mayor. Belarra y su grupo fijan posiciones en un contexto donde ya puede haber habido negociaciones discretas con Junts.

En paralelo, el Ejecutivo estrecha lazos con el PNV mediante un lote de transferencias que amplían competencias y facilitan proyectos industriales, participación en la gestión de aeropuertos y funciones de seguridad. Ese acuerdo tiene efecto político inmediato: reforzar alianzas y ampliar el calado territorial de la acción de Gobierno. Mientras tanto, la irradiación pública de determinados hechos —la presencia de etarras corriendo en San Sebastián, la actividad de Bildu en la calle, la recepción de algunos dirigentes, como Pradales, en La Moncloa— aparecen como notas de la partitura que se interpreta en clave política.

Ximo Puig, crítico pero interlocutor, no oculta su satisfacción: reconoce que "España es muy buena noticia para Cataluña". En ERC se ponderan las oportunidades que ofrece la figura de Cuerpo, evaluando su independencia nominal frente a su dependencia práctica.

Y el PP, lejos de encontrar un blanco fácil, asume que Cuerpo no es un adversario sencillo: formación, perfil y voluntad de rehacer la confrontación le confieren capacidad de atracción y de enervamiento. Así, Cuerpo se perfila como instrumento para vigorizar a Vox y, simultáneamente, para reubicar a Feijóo frente a un cebo político de innegable astucia.

Lo que se ha mostrado esta semana es, en suma, un reposicionamiento del poder: un presidente que gobierna por decreto cuando lo necesita, un tecnócrata que simboliza prioridad económica, socios que se acomodan y una oposición obligada a reescribir su libreto. El mensaje es claro: el cuerpo —la figura, la táctica, la escena— sustituye por ahora al viejo núcleo de la política que eran los Presupuestos. Veremos si esa pieza sostiene la estructura o si, con el tiempo, confirma la metamorfosis que algunos anticipan.

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