Cuba, la encrucijada humanitaria: aceptar o resistir bajo la sombra de Washington
La isla declara agotadas sus reservas de combustible y estudia una oferta de EE. UU. por US$100 millones

Redacción · Más España


Cuba ha comunicado que está dispuesta a examinar una oferta de ayuda de Estados Unidos por valor de US$100 millones. No es un gesto superficial: llega horas después de protestas inusuales en La Habana por el agravamiento de los cortes eléctricos y del reconocimiento oficial de que las reservas de combustible se han agotado.
El ministro de Energía, Vicente de la O Levy, afirmó ante medios estatales que “no tenemos absolutamente nada de fuel, no tenemos absolutamente nada de diésel” y que lo único disponible procede del gas de pozos propios, cuya producción ha aumentado. Fue igualmente expreso al describir la situación del sistema energético como “crítica”.
Las plantas termoeléctricas, dependientes de fueloil y diésel, no reciben suministro; hospitales, escuelas, oficinas y el turismo —motor económico— se han visto afectados. La propia geografía del abastecimiento ha sufrido un vuelco: Venezuela y México, proveedores habituales, interrumpieron envíos —Venezuela tras la operación militar estadounidense que depuso a Nicolás Maduro el 3 de enero, y México tras advertencias del presidente estadounidense Donald Trump sobre aranceles a países que suministraran combustible a Cuba—. Sólo un buque ruso con 100.000 barriles llegó este año, y esas reservas, según De la O Levy, ya se han agotado.
Estados Unidos volvió a reiterar su oferta de US$100 millones a cambio de “reformas significativas al sistema comunista cubano”. El secretario de Estado, Marco Rubio, había sostenido que La Habana rechazó previamente la ayuda, afirmación que el Gobierno cubano negó. El Departamento de Estado dijo que la asistencia se distribuiría en coordinación con la Iglesia católica y organizaciones humanitarias “confiables” y advirtió que la decisión recae en el régimen cubano: aceptar la ayuda o negar asistencia vital.
El ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, dejó claro que Cuba “está lista para escuchar los detalles de la propuesta y cómo se implementaría”, si bien puntualizó que no estaba claro si la ayuda sería en efectivo o en especie. Rodríguez añadió que, como práctica habitual, el Gobierno no rechaza la ayuda extranjera ofrecida de buena fe, y subrayó que la mejor forma de ayudar sería “desescalar las medidas de bloqueo energético, económico, comercial y financiero”, medidas que, dijo, se han intensificado en los últimos meses con sanciones impuestas por Washington a altos funcionarios cubanos, calificadas por él de “ilegales y abusivas”.
En las calles, la protesta —según Reuters y AFP— mostró la ira de la ciudadanía: bloqueos con basura en llamas, consignas antigubernamentales y gritos como “¡Enciendan las luces!”. Las manifestaciones, descritas como la noche más intensa desde que comenzó la crisis energética en enero, son la expresión visible de un país que experimenta apagones de entre 20 y 22 horas en algunas zonas bajo el “bloqueo” denunciado por La Habana.
La oferta estadounidense y la respuesta cubana colocan sobre la mesa un dilema nítido y público: la urgencia humanitaria que describe el propio Ejecutivo cubano frente a la exigencia política que acompaña la propuesta de Washington. Lo único incontrovertible, por ahora, es el daño tangible que sufren vidas, servicios y economía mientras se decide si la ayuda llegará, cómo y bajo qué condiciones.
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