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Cuando la tierra se rinde: Niscemi al borde del abismo

Un deslizamiento arrastra 4 km de colina en Sicilia; 1.500 personas obligadas a evacuar

Redacción Más España

Redacción · Más España

14 de marzo de 2026 2 min de lectura
Cuando la tierra se rinde: Niscemi al borde del abismo
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La imagen es tan literal como aterradora: un tramo de cuatro kilómetros de colina que se desprende y deja a una localidad completa al borde del vacío. Ha ocurrido en Niscemi, Sicilia, arrastrado por la lluvia y el viento de la tormenta Harry. No es una metáfora: edificios y vehículos aparecen en imágenes aéreas como caídos por un precipicio.

Más de 1.500 residentes han sido evacuados. No se han reportado muertos ni heridos —un alivio que no anula la gravedad—, pero el drama persiste en la incertidumbre de los que ven sus casas convertidas en inhabitables, según las declaraciones del jefe de protección civil, Fabio Ciciliano. Las autoridades hablan ya de reubicaciones permanentes para los afectados.

El deslizamiento no fue un episodio único: ocurrió el domingo y partes de la colina continuaron desmoronándose el lunes. Ciciliano advirtió que "el deslizamiento sigue activo" y que solo cuando el agua haya escurrido y el movimiento disminuya podrá hacerse una evaluación más precisa. En la espera, se desarrollan estudios geológicos para evaluar la zona.

La alarma ciudadana contiene también reproche: habitantes de Niscemi recuerdan deslizamientos anteriores que, denuncian, no recibieron respuesta. "Tuvimos el primer deslizamiento de tierra hace 30 años y nadie hizo nada", dijo un residente, reflejando la ansiedad y la ira de quienes han visto repetirse el peligro sin soluciones a la vista.

El impacto no queda en Niscemi: el gobierno italiano, encabezado por la primera ministra Giorgia Meloni, declaró el estado de emergencia para Sicilia, Cerdeña y Calabria, las tres regiones del sur golpeadas por la violenta tormenta la semana pasada. Es una medida que reconoce la dimensión regional de un fenómeno que combina meteorología extrema y fragilidad del territorio.

No se trata solo de imágenes dramáticas; se trata de decisiones urgentes: evacuación, reubicación, estudios geológicos y la espera de que el terreno deje de moverse. Mientras tanto, la comunidad observa, exige respuestas y recoge los escombros de lo que la lluvia y el viento han expuesto: la vulnerabilidad de un paisaje humano que necesita protección activa y certezas técnicas.

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