Cuando la sangre familiar gobierna: el eco del 'Monagato' vuelve a Venezuela
Dos hermanos en las cúpulas del poder: historia y presente que no pueden leerse como coincidencia banal

Redacción · Más España


Venezuela vive una circunstancia inusual, hecha noticia: desde el 3 de enero Delcy Rodríguez ocupa la presidencia de la República, y su hermano Jorge preside, por sexta vez consecutiva según la información disponible, la Asamblea Nacional. Dos hermanos en dos de las más altas magistraturas del Estado. Un cuadro que, por su rareza, convoca la memoria histórica y obliga a preguntarse.
No es capricho de la imaginación recordar el episodio que la historiografía denomina el "Monagato", aquel ciclo entre 1847 y 1858 en que José Tadeo y José Gregorio Monagas se alternaron en la presidencia. La comparación no es una metáfora gratuita: ambos períodos muestran la coincidencia de parentesco y poder como elemento destacado de la vida pública venezolana en momentos decisivos.
La historia de los Monagas, surgidos de la guerra de Independencia y convertidos luego en figuras políticas regionales, ofrece un paralelismo inquietante. Aquellos hermanos, explica el historiador citado en la crónica, se enfrentaron a una élite desplazada y usaron su condición militar y su base social para consolidar influencia. No se pretende trazar equivalencias exactas: la nota señalada por BBC Mundo se limita a constatar el antecedente y a describirlo. Pero el dato histórico sirve de espejo: cuando en el pasado el asalto al Congreso y la sumisión del Legislativo marcaron el rumbo, la consecuencia fue una concentración del poder que dejó huella.
Hoy, los hechos periodísticos son nítidos: la captura de Nicolás Maduro y su esposa en una operación militar extranjera derivó en la aplicación constitucional que llevó a Delcy Rodríguez al despacho presidencial; Jorge Rodríguez, por su parte, fue reelegido presidente del parlamento. Son hechos que están en la información pública y que, en su sola enunciación, invitan a la reflexión sobre la institucionalidad y la transparencia en el ejercicio del poder.
No hay en la crónica afirmaciones adicionales sobre decisiones futuras, conspiraciones o cambios constitucionales: lo que queda probado es la coincidencia de sangre y cargos, y el eco histórico que ello provoca. El pasado del Monagato muestra que la alternancia fraterna en la cúspide no es novedad en la política venezolana; el presente confirma que la familia ha vuelto a ser protagonista. Que cada lector extraiga, con prudencia y a partir de los hechos consignados, las lecciones que la historia y la actualidad ofrecen.
En democracia, la sospecha y la legitimidad se dirimen con claridad institucional: transparencia, rendición de cuentas y respeto a las reglas son los antídotos frente a cualquier concentración. La constatación de dos hermanos en el mando no es por sí sola condena ni absolución: es una alerta histórica, un recordatorio para la ciudadanía y para los actores políticos de la necesidad de preservar la independencia de las instituciones frente a la lógica de los vínculos personales.
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