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Cuando la política convierte el dolor en rédito

El PSOE-A acusa a Moreno de instrumentalizar a las víctimas de Adamuz por interés electoral

Redacción Más España

Redacción · Más España

21 de marzo de 2026 1 min de lectura
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Cuando la política convierte el dolor en rédito
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La cámara autonómica se convirtió en escenario de una acusación que no admite ambages: el PSOE-A sostiene que Juanma Moreno se acerca a las víctimas de Adamuz por cálculo electoral y no por condolencia verdadera.

Ángeles Férriz, portavoz adjunta del Grupo Socialista en el Parlamento andaluz, formuló la crítica de forma directa y sin ambages: «cada vez es más evidente que las vidas de los andaluces solo le importan al presidente de la Junta si le dan votos». No fue una frase casual; fue la sentencia de quien exige que la política recupere la decencia del gesto y no se confunda con la táctica.

La rotunda acusación se completó con calificativos que buscan describir el ánimo del Gobierno regional: Férriz llegó a llamar «banda de desalmados» a los integrantes del Ejecutivo andaluz y afirmó que «han perdido completamente el norte y están solamente preocupados en una rentabilidad electoral». Son palabras duras que pretenden señalar una prioridad: la contabilidad política por encima del respeto a las víctimas.

La disputa política se enmarca, además, en reproches cruzados sobre la gestión y la comunicación institucional: la socialista criticó que desde la Junta se cuestione al Gobierno central por asuntos pendientes, entre ellos la reanudación de medidas mencionadas en el debate parlamentario. Es un eco de la tensión entre representación y responsabilidad, entre el interés público y la mirada al voto.

El episodio obliga a una reflexión elemental: cuando el dolor ajeno se convierte en herramienta, la política pierde autoridad moral. Y cuando las instituciones son señaladas desde el propio hemiciclo por anteponer la rentabilidad electoral, la confianza colectiva queda en deuda. Si los hechos en la cámara andaluza son la imagen, el mensaje es claro: la ciudadanía merece respuestas y gestos que no sepan a cálculo.

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