Cuando la Lira del Cielo recupera la voz de Europa
En la catedral de Toledo, un concierto devuelve a 1764 el latido de nuestra tradición musical

Redacción · Más España


Hay instantes en los que una nota basta para conectar siglos. Este sábado, en la catedral de Toledo, la Lira del Cielo protagoniza un gesto así: no es mera evocación; es restitución. Un repertorio de Juan Rossell, maestro de capilla entre 1763 y 1780, puesto en orden y publicado por Carlos Martínez Gil tras más de veinte años de pesquisa en el archivo de la catedral, regresa al espacio para recrear la Semana Santa de 1764.
No hablamos de folclore descontextualizado ni de una curiosidad erudita cerrada en un museo. Se trata de una reconstrucción sonora —dirigida por Ulises Illán y ejecutada por la orquesta Nereydas— que nos permite escuchar cómo sonaban aquellas liturgias: tres lamentaciones el jueves, viernes y sábado, más lo miserere y la serie de oficios, incluyendo el oficio de tinieblas, cuyo ceremonial combinaba luces, recogimiento y sonidos. Esa precisión documental no es un dato menor: es la materia prima de la memoria colectiva.
¿Qué significa recuperar esas melodías hoy? Significa confrontar nuestra historia cultural con la responsabilidad de conservarla y difundirla. El trabajo paciente y secular de archivo que firma Martínez Gil pone de relieve algo elemental: la tradición no se preserva por nostalgia, sino por ejercicio riguroso. La Lira del Cielo, en manos de intérpretes contemporáneos, no imita un pasado inerte; lo trae a presencia y obliga al oyente a posicionarse frente a lo que somos.
En tiempos en que las identidades europeas se discuten y se reconfiguran, culturales como esta aportan anclas. No es necesario convertir la música sacra del XVIII en bandera política; basta reconocer que la recuperación documental y la interpretación puesta en escena son actos de soberanía cultural. La catedral de Toledo, lugar elegido para la recreación, se convierte así en foro donde la historia audible dialoga con el presente.
No se trata de mitificar, sino de custodiar y explicar. Que la Lira del Cielo suene no es un capricho estético: es el resultado de años de investigación en archivos, de ediciones críticas y de una dirección artística que busca fidelidad con intención. Esa conjunción —archivo, académico, intérprete y templo— es el camino por el que la música vuelve a ser experiencia pública y formadora.
Que el público acuda a escuchar en la seo primada es un llamado: a valorar la labor lenta de quienes rescatan partituras, a entender la música como tejido de memoria y a reconocer que la Europa de las artes no es sólo política o economía, sino también este patrimonio sonoro que atraviesa generaciones. Si hoy la Lira del Cielo pronuncia de nuevo las lamentaciones y el oficio de tinieblas, es porque alguien, durante décadas, sostuvo la fe en que aquello merecía ser oído otra vez.
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