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Cuando la libertad se convierte en resistencia: la voz de Azar Nafisi contra el olvido

La escritora iraní describe una lucha existencial que va más allá del combate armado

Redacción Más España

Redacción · Más España

8 de abril de 2026 3 min de lectura
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Cuando la libertad se convierte en resistencia: la voz de Azar Nafisi contra el olvido
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Azar Nafisi no habla desde la comodidad de la teoría: habla desde el temblor de quien vuelve a oír explosiones y revive ataques de pánico que arrastró desde su salida de Teherán en 1977. Tiene 77 años y confiesa que, desde finales de febrero, se queda sin aliento antes de dormir; la angustia la empuja a dar vueltas por su apartamento cuando se siente "al borde del pánico". Esa verdad corporal es la que ennoblece su testimonio y obliga a escuchar.

Leer Lolita en Teherán es, para muchos, una clave para entender la opresión que la Revolución Islámica ha impuesto sobre la vida íntima y cultural de las mujeres iraníes. Nafisi lamenta que su libro siga prohibido en Irán, al igual que la película homónima estrenada en 2024. No es un dato ornamental: es el síntoma de un régimen que veta la literatura que devuelve vida y sentido frente a la máquina del olvido y la muerte.

La escritora desmenuza sin concesiones una realidad que algunos en Occidente se niegan a ver: no se trata solo de "costumbres" ni de una supuesta incomprensión cultural. "A veces me enoja mucho porque la gente en las democracias occidentales piensa que el resto del mundo no quiere libertad como ellos", dice Nafisi, y con esa frase interpela la miopía que excusa lo intolerable bajo la etiqueta de la cultura.

Para ella, la lucha en Irán es "existencial": las mujeres pelean por su identidad, por su historia, por una cultura que sienten robada. No solo resisten por un trozo de tela o por un derecho puntual; resisten por la posibilidad misma de existir como sujetas plenas de su historia y su memoria. La descripción de detenciones arbitrarias, torturas y asesinatos en su novela no es ficción moralizante: es el mapa de una represión que borra nombres y destinos.

La periodista señala también las consecuencias inmediatas del conflicto armado: relatos de lluvia ácida, ventanas destrozadas y escasez de vidrio, casas protegidas con plástico en medio de la nieve. Y advierte sobre una crisis humanitaria silenciada: cárceles desbordadas, prisioneros políticos sin alimentación adecuada y muertes dentro de los centros de detención. Son detalles que no piden ideologías: piden atención y respuesta.

Nafisi reclama, además, restablecer conexiones: millones de iraníes, advierte, no tienen acceso a la información que otros muestran en redes. La comunicación se vuelve así no un lujo sino una tabla de salvación: mostrar lo que ocurre dentro para que lo conozca el mundo y, sobre todo, para que lo conozcan quienes dentro están aislados.

Su llamado es nítido y urgente: la literatura, la cultura, el arte devuelven "eso tan importante que es la vida"; los regímenes totalitarios, por el contrario, están destinados a la muerte. Esa afirmación resume un deber moral que trasciende fronteras: respaldar con hechos la dignidad humana y no permitir que la explicación cultural sirva de coartada al abuso.

Escuchar a Nafisi no es dejarse llevar por la simplicidad de una narrativa maniquea; es atender la evidencia de que, mientras ocurren ataques y se extiende la represión, hay una lucha por ser y recordar. Y esa lucha reclama nuestro respeto, nuestra atención y, si es posible, nuestra solidaridad concreta.

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