Cuando la libertad no entiende de siglas: presencia y retirada en el 8-M del Congreso
Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio acuden al acto del PP, escuchan a disidentes y se marchan antes del cierre de Feijóo

Redacción · Más España


La política tiene, a veces, la nobleza de la contradicción y la grandiosidad del gesto. El gesto, en este caso, fue sencillo y rotundo: Iván Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio entraron en la sala Constitucional del Congreso para escuchar a dos voces que desafían tiranías —la disidente cubana Rosa María Payé y la activista iraní Masih Alinejad— y se marcharon minutos antes de que el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, cerrara el acto.
No es un detalle menor. Asistieron, según la crónica, sin invitación formal del PP —supieron de la presencia de Payé y por eso acudieron— y compartieron buena parte del diálogo entre las protagonistas. Fueron espectadores deliberados de las historias de lucha por la libertad en Cuba e Irán; luego optaron por una salida que habla más de coherencia pública que de estrategia sectaria.
Espinosa no dejó la anécdota en silencio: celebró en redes sociales la intervención de ambas activistas y elevó la afirmación a un diagnóstico esperanzador —Cuba e Irán a punto de derribar su “particular Muro de Berlín”—, al tiempo que lanzó una pregunta directa a quienes criticaron su presencia: ¿por qué no vinieron a apoyar a las luchadoras? Su reproche es nítido y austero: las siglas importan más a muchos que la libertad.
La escena contiene, además, una lección práctica sobre la política abierta: el exportavoz recalcó que durante su etapa en el Congreso organizó actos con disidentes y que aquellos encuentros eran abiertos. No añadió concesiones a los “sectarios”, palabra que utilizó en su réplica a la presión crítica. No fue una comparecencia protocolaria; fue, según sus palabras y sus gestos, una decisión de escuchar y apoyar sin esperar carnet.
El acto del PP, ‘Mujeres Libres’, fue inaugurado por la portavoz del Grupo Popular, Ester Muñoz, y contó con la participación del propio Feijóo en la clausura. Intervinieron también Cayetana Álvarez de Toledo y Jaime de los Santos, y asistió, entre otros, Alejo Vidal-Quadras. La sala Constitucional se llenó para acoger ese diálogo entre mujeres que combaten regímenes autoritarios.
No todo fue solemnidad: la política cotidiana asomó en formas menores pero significativas. Espinosa, criticando los ceses que se están produciendo en Vox, evitó comentar directamente sobre los expedientes abiertos a dirigentes como Javier Ortega Smith o José Ángel Antelo, y respondió con una ironía futbolera ante los periodistas: “El partido quedó tres cero el Atlético de Madrid con el Barça, pero fue un buen partido”. Ironía que, en su brevedad, retrata frustraciones y distancia interna.
Esta jornada recuerda que los espacios institucionales, cuando se abren a la palabra de los perseguidos por regímenes, pueden devenir en puntos de encuentro inesperados. También deja clara la tensión entre la fidelidad a una etiqueta partidista y la respuesta ante una demanda moral superior: la defensa de quienes resisten la opresión. Que dos exdirigentes de Vox entrasen a oír y optasen por marcharse antes del cierre no es solo una anécdota; es una advertencia de que, en la arena pública, la prioridad de muchos votantes es la causa y no las siglas que la convocan.
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