Cuando el botín ya no es oro sino cartas: Reino Unido frente a la ola de asaltos a tiendas de Pokémon
Pequeños comercios, grandes pérdidas: ladrones apuntan a coleccionables que se han vuelto activos de alto valor

Redacción · Más España


En los últimos días, pequeñas tiendas de todo el Reino Unido han sufrido allanamientos y saqueos centrados en cartas y productos coleccionables de Pokémon. No se trata de hechos aislados: comercios en ciudades como Warrington, Rugby, Bristol, Bournemouth, Peterborough y Nottingham han constatado pérdidas por decenas de miles de libras.
Celestial Collectables, en Warrington, es el ejemplo más reciente y crudo. Según su propietario, Chris Grundy, una banda llegó en furgoneta, inutilizó cámaras con cepillos, rompió el cristal y, en apenas cuatro minutos, se llevó sobres sellados, cartas sueltas y cajas de colección cuyo precio en el mercado oscila entre 54 y 405 dólares. Grundy calcula pérdidas aproximadas de 80.000 dólares, aunque, con fortuna, el efectivo y las cartas de mayor valor estaban en la caja fuerte.
El fenómeno no es nuevo, pero sí ha ganado velocidad y alcance. La pandemia intensificó la atención en internet sobre el coleccionismo; subastas de alto perfil y ventas récord han convertido algunas cartas en activos con valores astronómicos. Casas especializadas movieron más de 2 millones de dólares en activos de Pokémon en una subasta; ventas como la de Logan Paul, que llegó a subastar una carta por 16,5 millones de dólares, han puesto el foco mediático y económico sobre ese mercado.
Los expertos lo dicen sin ambages: donde hay dinero, surge el delito. Roy Raftery, de la casa Stanley Gibbons Baldwins, advierte que muchos ladrones ven a Pokémon como un negocio lucrativo y, por ello, un objetivo más fácil que un banco o una joyería. Las cifras que se citan en distintos comercios —40.500 dólares en Bournemouth, 34.000 en Gloucester y unos 108.000 en Peterborough, entre otros— confirman que no son robos de botín menor sino golpes que pueden dejar a un comercio al borde del cierre.
La policía también reconoce el patrón. El inspector detective Liam Keenan, de Cheshire, explicó que el incidente en Warrington forma parte de una serie de ataques similares y que las fuerzas del noroeste y del resto del país están en contacto para investigar el fenómeno.
Pero esta historia no es sólo tragedia económica: es también una historia de comunidad. Tras el asalto a Celestial Collectables, otras tiendas donaron stock y clientes —incluso niños— trajeron sus propias cartas para ayudar. Esa reacción demuestra que muchos de estos comercios no son meros negocios: son proyectos impulsados por la pasión por el coleccionismo, por la relación con una clientela fiel que ahora se siente violentada.
Frente a la oleada, la pregunta que queda resonando es clara: cuando un mercado se transforma en activo financiero y global, ¿están las fuerzas de seguridad y las políticas comerciales preparadas para proteger al eslabón más frágil, el comercio local? El problema está ahí y no admite romanticismos: las cartas han dejado de ser sólo nostalgia infantil; se han convertido en bienes de alto valor que exponen a pequeñas empresas a la predación criminal. Defender a esos negocios es, en última instancia, defender tejido social, empleo y la dignidad de iniciativas locales que sostienen comunidades enteras.
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