Continuidad sin fecha: el nuevo ministro acepta el pacto y elude los Presupuestos
Arcadi España asume Hacienda y respalda el modelo de financiación ligado a Junqueras; no fija calendario para las cuentas

Redacción · Más España


En la sede del Ministerio de Hacienda se celebró un relevo que más que ruptura exhibió continuidad. Arcadi España no vino a deshacer lo hecho: asumió el controvertido modelo de financiación que su antecesora, María Jesús Montero, pactó con Oriol Junqueras y lo calificó —por su origen, viniendo además de la infrafinanciada Comunidad Valenciana— como un sistema que “introduce sin duda reglas más justas”.
No es una declaración anodina: supone la aceptación explícita de una política que ha sido objeto de debate y división. Y, sin embargo, el ministro evitó convertir esa aceptación en un acto programático. Sobre los Presupuestos de 2026, cuyo envío al Parlamento no ha sido consumado durante toda la legislatura por su predecesora, España respondió con un suspiro y una broma que esquivó cualquier compromiso de fecha. La frase, liviana en forma, encubre una realidad pesada: el Ministerio siente “responsabilidad y vértigo” ante la posibilidad de gestionar sin Presupuestos aprobados.
El tono del acto fue, además, deliberadamente moderado. Junto al nuevo vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, ambos reivindicaron la “educación”, el diálogo y la humildad como principios, y optaron por no lanzar ataques contra la oposición ni anunciar reformas económicas o presupuestarias concretas. Cuerpo apeló a sus raíces extremeñas y al esfuerzo de sus abuelos, y ambos mostraron voluntad de entendimiento profesional —España incluso subrayó coincidencias técnicas en productividad y eficiencia— antes que beligerancia política.
No todo fue retórica: España manifestó su hostilidad a nuevos incrementos del gasto militar, y dejó claro su propósito de “continuidad” en la gestión iniciada por Montero. Se despidió, además, a la ministra saliente en un ambiente emotivo; Montero recibió aplausos y pronunció palabras que defendieron la política como vía civilizada de convivencia. El acto terminó con una foto conjunta y el gesto simbólico de cerrar, quizá, el último traspaso de carteras de la legislatura.
El resultado político es nítido y austero: continuidad en políticas sensibles, palabras de moderación y diálogo, y ninguna promesa temporal sobre las cuentas que decidirán el horizonte económico del año. El ministro proclama utilidad y humildad; la duda persiste sobre si basta la modestia expresada para enfrentar la soledad y las incomprensiones que él mismo anticipó al asumir la cartera.
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