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Colaboración frente al sectarismo: el Plan de Empleo que obliga a la razón

Cuando la política sirve al empleo, las siglas quedan en segundo plano

Redacción Más España

Redacción · Más España

25 de marzo de 2026 2 min de lectura
Colaboración frente al sectarismo: el Plan de Empleo que obliga a la razón
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Hay momentos en que la política recupera su sentido elemental: servir a los ciudadanos. El Plan de Empleo presentado por el presidente Emiliano García-Page, aprobado este martes en Castilla-La Mancha y puesto en marcha en colaboración con las diputaciones provinciales, es una de esas ocasiones en que las instituciones optan por la respuesta práctica y no por la contienda estéril.

Cristina Maestre, vicesecretaria general del PSOE regional y eurodiputada, ha subrayado lo evidente: la valoración positiva de las corporaciones provinciales —incluidas las que gobiernan con distinto color político— confirma que cuando se trata del empleo priman las soluciones sobre el sectarismo. No es una consigna: es la constatación de que la cooperación institucional puede prevalecer sobre la confrontación partidaria.

El propio diseño del Plan, con una dotación que alcanza los 64 millones de euros, habla por sí mismo: recursos concretos, dirigidos a un fin tangible. No son promesas etéreas ni retóricas grandilocuentes; es inversión con nombre y propósito para apoyar el empleo en la comunidad. Eso exige, por encima de rugidos y consignas, voluntad de acuerdo.

Que haya sido posible un consenso con las diputaciones, aun cuando algunas responden a fuerzas políticas distintas, debería servir de espejo a quienes confunden la lealtad al proyecto público con la actitud beligerante hacia el adversario. Más allá del ruido partidista, lo que piden los ciudadanos es respuestas: empleo, estabilidad y gestión eficaz. El Plan aprobado es, en esos términos, una respuesta que reclama reconocimiento por lo que hace y no por quién lo firma.

La política recupera así su republicanismo práctico: colaboración institucional, asignación de recursos y prioridades orientadas al interés general. Esa es la lección que emana de Castilla-La Mancha: cuando las instituciones se ponen al servicio de los problemas concretos, las siglas retroceden y avanza la ciudadanía. Quien pretenda convertir en bronca lo que es solución, debe saber que la ciudadanía premiará —en su tiempo— a quienes eligen gobernar y pactar frente a quienes optan por la confrontación permanente.

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