Bajo la mesa, frente al asalto: la cena que volvió a poner en jaque la seguridad presidencial
El testimonio directo del corresponsal de la BBC que vivió los disparos en el Washington Hilton

Redacción · Más España


El relato es seco y directo: acababa de dejar los cubiertos sobre la mesa cuando llegaron los estruendos. Gary O'Donoghue, corresponsal de la BBC en Norteamérica, detalla cómo, por el sonido y el estallido de cristales, supo que podía tratarse de armas semiautomáticas y, en fracción de segundos, se lanzó al suelo y se ocultó bajo el mantel.
La escena que describe es la de cualquier sala convertida en jaula: gritos, gente corriendo y decenas de personas agachadas bajo las mesas mientras, fuera de su vista, el Servicio Secreto evacuaba apresuradamente al presidente Trump, a la primera dama, y al vicepresidente J.D. Vance. Agentes de seguridad, con cascos y chalecos antibalas, apuntaban sus armas hacia la multitud para detectar nuevas amenazas.
El testimonio aporta detalles que consolidan la inquietud: no era una cena cualquiera en la que el presidente suele ausentarse; sin embargo, la seguridad en el propio recinto le pareció a O'Donoghue "la de una cena habitual". Relata que en la entrada exterior el guardia apenas miró a los asistentes, que el detector de metales se pasó por la mano pero sin especial interés por los pitidos y que no se exigió vaciar pertenencias.
En el comedor había además figuras públicas: el secretario de Salud RFK Jr. en una sala contigua y, a unos 30 metros hacia las puertas principales, el director del FBI Kash Patel sobre el suelo, protegido por su pareja mientras un agente corría en su auxilio. Durante los cinco o diez minutos bajo la mesa, los presentes aguardaron la posibilidad de que un tirador hubiese entrado también en la sala y estuviera dispuesto a abrir fuego contra las 2.500 personas que asistían.
O'Donoghue recuerda haber estado ya cerca del peligro: estuvo en Butler, Pensilvania, en julio de 2024, cuando el presidente estuvo a escasos centímetros de perder la vida. Y, sin dramatismos gratuitos pero con la sensación de alguien que escucha más que ve, confiesa el "escozor en los ojos" que trae la imaginación cuando la mente proyecta lo que pudo haber ocurrido.
Las calles alrededor del hotel permanecieron acordonadas por horas. Mientras tanto, los asistentes, retenidos en el salón, trataban de conseguir cobertura telefónica para transmitir la noticia. Y en el silencio posterior, la pregunta que O'Donoghue deja flotando con claridad patriótica: ¿cómo puede ser que, otra vez, un hombre armado logre acercarse tanto al presidente? Es una pregunta que no admite evasivas y que exige respuestas sobre los fallos del dispositivo de seguridad, sin margen para la complacencia.
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