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Artemis II: un éxito técnico que obliga a preguntarnos si la Luna volverá a ser nuestro destino pronto

Seis días de misión que confirman la fiabilidad del SLS y de Orión, pero no disipan todas las dudas sobre el alunizaje en 2028

Redacción Más España

Redacción · Más España

9 de abril de 2026 3 min de lectura
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Artemis II: un éxito técnico que obliga a preguntarnos si la Luna volverá a ser nuestro destino pronto
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La proeza tecnológica ha tenido rostro humano: Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen despegaron el 1 de abril y, en apenas seis días, llevaron a la práctica lo que hasta ahora sólo era teoría y simulación. Ese hecho, por sí solo, merece reconocimiento; ver a personas integradas con Orión en condiciones reales no es un dato ornamental, es el pulso de una empresa espacial que aspira a recuperar la presencia humana en la Luna.

Técnicamente, lo sucedido habla con claridad. El Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) cumplió cada fase “nominal” de ascenso; la inyección translunar de Orión —un encendido de casi seis minutos— fue, en palabras de la dirección del programa, impecable. Dos de las tres correcciones de rumbo previstas resultaron innecesarias porque la trayectoria ya era extraordinariamente precisa. Cuando la maquinaria responde así, las dudas se atemperan, al menos en lo esencial: el cohete y el vehículo tripulado hicieron lo que debían hacer.

No fue una misión sin fricciones. Problemas prácticos, menores pero reales, emergieron: un fallo en el dispensador de agua que obligó a almacenar agua en bolsas y dificultades con el aseo a bordo; una pequeña pérdida de redundancia en un sistema de helio, resuelta discretamente. Son incidencias propias de integrar humanos y sistemas complejos en un entorno hostil: incómodas, instructivas y exactamente el tipo de lección que no se aprende del todo en un simulador.

Las valoraciones de los expertos citados en la cobertura son directas: Orión parece funcionar bastante bien y, sobre todo, su sistema de propulsión ha mostrado ser fiable, que es lo verdaderamente crítico. Asimismo, la tripulación realizó observaciones científicas que enriquecen el balance técnico con valor científico: formaciones geológicas, variaciones de color y un eclipse solar registrado desde el espacio profundo.

Sin embargo, la cuestión política y de calendario permanece: ¿es realista un alunizaje humano en 2028, tal como desean la NASA y el presidente? La misión Artemis II no responde de forma concluyente a ese plazo. Sí demuestra que, en desempeño puntual, cohete, cápsula y tripulación han cumplido; pero también pone de manifiesto que el camino hacia la superficie lunar es una suma de fiabilidad técnica continuada, frecuencia de lanzamientos y soluciones a los problemas cotidianos que aparecen cuando hay personas a bordo.

Hay además un aviso implícito en las voces de la propia agencia: lanzar un SLS cada tres años no es la senda de un programa maduro. El administrador citado subrayó que no se puede tratar cada cohete “como una obra de arte”; hacer del despiece técnico una rutina sostenible es requisito previo para aspirar a un retorno humano permanente y programado a la Luna. Esa es la enseñanza estratégica: el éxito puntual es necesario, pero no suficiente.

Artemis II ha entregado entusiasmo y pruebas tangibles de que la ingeniería responde. También ha recordado que la ambición exige más que un buen lanzamiento: exige ritmo, repetibilidad y resolución de los problemas que emergen cuando lo humano se cruza con lo mecánico. La nave ha demostrado capacidad; la pregunta que queda es si el ritmo político y técnico acompañará hasta el alunizaje prometido.

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