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Amartizando como un ladrillo: el regreso calculado de Artemis II

La odisea de Orión y sus cuatro tripulantes concluyó frente a San Diego tras una reentrada milimétrica

Redacción Más España

Redacción · Más España

11 de abril de 2026 2 min de lectura
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Amartizando como un ladrillo: el regreso calculado de Artemis II
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La cápsula Orión volvió a la Tierra tal como estaba previsto: amerizó a las 8:07 pm (hora del este de EEUU) frente a la costa de San Diego. La NASA calificó el descenso como “de manual” y, en la transmisión en directo, se informó que los cuatro astronautas —Christina Koch, Jeremy Hansen, Victor Glover y Reid Wiseman— se encuentran en “excelente condición”.

Nada de improvisación: el módulo de tripulación se separó del módulo de servicio unos 20 minutos antes de alcanzar las capas superiores de la atmósfera. La cápsula giró para que su escudo térmico absorbiera las temperaturas extremas y proteger a los ocupantes, en una maniobra que exigía un ángulo de entrada extremadamente preciso.

Orión alcanzó la llamada interfaz de entrada a 122 kilómetros de altitud. Al precipitarse, el escudo térmico estuvo expuesto a temperaturas del orden de 2.700 ºC. Ese escudo había sido objeto de especial atención tras sufrir daños graves en la primera misión Artemis no tripulada; los ingenieros ajustaron el ángulo de reentrada para corregir el problema y garantizar la protección.

Desde la entrada en la atmósfera hasta el amerizaje transcurrieron apenas 13 minutos. Veinticuatro segundos después de la reentrada la cápsula perdió por completo el contacto con la Tierra durante seis minutos: la fricción calentó el aire hasta formar un plasma que bloqueó las señales de radio. Al restablecerse la comunicación, Orión ya se hallaba a unos 46 kilómetros de la superficie.

La nave atravesó la atmósfera a más de 40.000 kilómetros por hora y usó la propia atmósfera como freno: diseñada para no ser aerodinámica, impacta como “un ladrillo volador”, explotando la fuerza de arrastre para desacelerar. La desaceleración incluyó la apertura de dos paracaídas piloto, que redujeron la velocidad hasta unas 200 millas por hora (322 km/h), y el posterior despliegue de los paracaídas principales a unos 6.000 pies (1,8 km), que suavizaron el descenso hasta un amerizaje en el océano a cerca de 20 millas por hora (32 km/h).

Un equipo de recuperación esperaba frente a la costa de California. La cápsula, preparada para llegar en distintas posiciones, contó además con airbags inflables para asegurar el impacto en el Pacífico. El retorno de Artemis II cierra una sección crítica de la misión: la reentrada, esa franja de segundos en la que la precisión y la ingeniería decidida separan lo heroico de lo fatal.

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