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Aitor Esteban: el malabarista que juega a todo por el Estatuto

Tres pistas, un solo objetivo: las últimas transferencias que reclaman los nacionalistas

Redacción Más España

Redacción · Más España

2 de mayo de 2026 3 min de lectura
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Aitor Esteban: el malabarista que juega a todo por el Estatuto
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El reloj corre y en el PNV de Aitor Esteban la urgencia tiene nombre: demostrar, ante la sociedad vasca, que la capacidad de negociar en Madrid no es cuestión de retórica sino de resultados tangibles. Con apenas diez meses por delante hasta su primer gran examen —las elecciones forales y municipales de 2027—, el presidente nacionalista maniobra para convertir promesas históricas en transferencias concretas.

No se trata de un espectáculo improvisado, sino de un circo de tres pistas cuidadosamente montado. La primera se llama Moncloa: Esteban mantiene una línea directa con Pedro Sánchez y, sobre todo, una sintonía política con Félix Bolaños. Esa interlocución es clave para el objetivo central que ahora se persigue: la transferencia del régimen económico de la Seguridad Social. Pradales ya ha fijado como meta conseguir el compromiso de Sánchez en la reunión bilateral prevista en julio, un órgano que el propio PNV exhibe como uno de los éxitos de la breve legislatura del lehendakari.

La segunda pista es el diálogo tenso con el PSE-EE. La relación entre el PNV y los socialistas vascos no atraviesa su mejor momento: episodios como la publicación de un meme en la cuenta de los socialistas vascos y la falta de llamadas para templar los ánimos dejan ver una distancia personal que pesa en la gobernabilidad autonómica. El PNV presume de utilizar incluso a Moncloa para apagar incendios que desde Euskadi se gestan en redes y despachos, y pretende que la conclusión del Estatuto obligue al PSE a moderar sus discrepancias.

La tercera pista se abre hacia la centralidad: la normalización del trato con el PP. El partido nacionalista no ocultó su complacencia por el acercamiento público con Alberto Núñez Feijóo —desayuno multitudinario en Bilbao y largas conversaciones políticas entre Feijóo y Pradales antes de la final de la Copa del Rey—. Para Esteban y su equipo, el apoyo y la disposición del PP son complementos necesarios para abordar desafíos estructurales como la reindustrialización, la mejora de la red eléctrica y la atracción de inversiones, asuntos que no han sido prioridad para el actual Gobierno central.

Todo ello se juega también en clave interna: las encuestas, como la de Sigma Dos para EL MUNDO, muestran una ventaja mínima del PNV sobre EH Bildu (2,3 puntos) y sostienen que el 33% de los vascos cree que los nacionalistas son los que mejor defienden los intereses del País Vasco, frente al 26,6% que apunta a la coalición abertzale. Esteban necesita convertir esa percepción en votos en 2027 y en una victoria moral para Imanol Pradales, cuyo liderazgo se prueba ya en estas maniobras.

No es casualidad que el PNV presuma de haber cerrado operaciones complejas —como la compra de Talgo o de Ayesa Digital— para argumentar que tiene mano en temas que superan lo meramente identitario. Esa narrativa se entrelaza con la búsqueda de transferencias pendientes: “nos faltan diez pasos”, dicen en el entorno del Gobierno vasco. Pero esos pasos dependen, en una medida decisiva, de la implicación directa de Moncloa y de acuerdos que sepan conjugar la estabilidad en Euskadi con una ambición política que rebase al bloque progresista y se abra a la centralidad.

En definitiva, Esteban se juega en estos meses la imagen de un PNV capaz de negociar, tejer alianzas y garantizar resultados. Si logra articular sus tres pistas —Moncloa, PSE y PP— podrá presentar ante la ciudadanía no sólo promesas cumplidas, sino argumentos para gobernar. Si falla, el espectáculo fundirá su atracción y las electorales de 2027 serán el veredicto.

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