Abascal se parapeta mientras Vox expulsa a sus históricos: la Justicia, única salida
La dirección confirma expulsiones firmes y los concejales madrileños anuncian que llevarán la disputa a los tribunales

Redacción · Más España


La escena es clara y no admite atenuantes: el máximo dirigente de Vox elude afrontar la crisis que él mismo preside. En Andújar, ante preguntas reiteradas, Santiago Abascal respondió que “ni me preocupa ni me ocupa en absoluto la política del corazón”, y con esa frase deslizó la indiferencia como estrategia pública ante la expulsión de quien fuera su mano derecha.
El Comité Ejecutivo Nacional de Vox, órgano de dirección del partido en el que Ortega Smith permaneció hasta diciembre pasado, desestimó el recurso de alzada presentado contra su exclusión. Esa decisión convierte la expulsión de Javier Ortega Smith en firme; idéntica suerte alcanzaron sus compañeros en el Ayuntamiento de Madrid, Carla Toscano e Ignacio Ansaldo, alineados con Ortega Smith en la disputa interna.
Cerrado el cauce interno, la alternativa de los expulsados es ya exclusivamente la vía judicial. Ortega Smith anunció que recurrirá a los tribunales; Ansaldo, afiliado número uno de Vox, y Toscano también han deslizado su intención de agotar la vía judicial para impugnar lo que califican de “ilegal, injusto y arbitrario”. En palabras del todavía portavoz municipal, la supuesta vulneración de derechos fundamentales se resolverá “en los tribunales de Justicia”.
La maniobra política tiene además consecuencias administrativas: el Ayuntamiento de Madrid ha recibido la comunicación formal de las tres expulsiones, según indicó el alcalde José Luis Martínez‑Almeida. Corresponde ahora al presidente del Pleno, con asistencia jurídica del secretario general, determinar la situación de Ortega Smith, Ansaldo y Toscano; la opción más plausible, según las lógicas del reglamento, es su encuadre como concejales no adscritos, aunque el curso judicial podría alterar ese camino.
En el plano internacional, las palabras de la portavoz parlamentaria Pepa Millán marcaron distancia respecto a opiniones del aliado estadounidense de Abascal. Millán consideró “poco comprensibles” algunas posturas de Donald Trump; Abascal respaldó a Millán en parte, defendiendo que no se puede atacar a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y calificándola de “patriota” y “valiente”. Preguntado por si se desmarca de Trump, el presidente de Vox evitó una respuesta explícita, igual que evitó entrar en profundidad sobre la crisis interna.
No es neutral la frialdad del líder: decir que no se ocupa de la “política del corazón” mientras la dirección confirma expulsiones firmes y los expulsados acuden a la Justicia equivale a delegar la resolución de la crisis a jueces y tribunales. Es una renuncia implícita a la gestión política de un conflicto que afecta a la representación municipal y a la coherencia del proyecto público que Vox proclama.
La batalla pasará ahora por los tribunales y por los despachos del Ayuntamiento. Pero la imagen que queda es la de una formación que normaliza expulsiones de dirigentes históricos sin ofrecer un relato político convincente que las explique. Eso, más que una estrategia, comienza a parecer un hábito: resolver internamente por la vía disciplinaria y dejar la legitimidad final al silencio del máximo dirigente y a la impugnación judicial.
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