Ábalos se adorna de victimismo mientras niega todo y admite una “condena clara”
El ex ministro se desvincula de comisiones, enchufes y sobornos en el juicio por las mascarillas

Redacción · Más España


José Luis Ábalos se ha presentado este lunes ante el Tribunal Supremo con la firmeza de quien proclama su inocencia y la resignación de quien se siente condenado por el trazo mediático. Ha negado, una y otra vez, haber cobrado comisiones, haber ordenado enchufes a sus amigas íntimas o haber recibido sobornos. Ese es el núcleo de su defensa: rotunda desvinculación de toda actividad delictiva.
Ha buscado asimismo reducir su papel a la función de impulso y liderazgo: “Nunca he estado en la gestión de nada”, ha dicho. Atribuye a la delegación y a la autonomía de sus equipos las decisiones operativas en su cartera. Es una tesis que intenta separar la responsabilidad política del cumplimiento técnico, y que, a la vez, interpela al tribunal y a la opinión pública sobre los límites entre dirección política y gestión administrativa.
En el interrogatorio con el fiscal jefe Anticorrupción, Alejandro Luzón, Ábalos explicó cómo actuó en la compra de material sanitario: acudió primero al Ministerio de Sanidad, habló con Salvador Illa y, según su relato, encontró allí problemas mayores y una advertencia sobre estafas. Señaló que, en función de los datos que le dieron sus equipos, decidió adquirir ocho millones de mascarillas, aunque en la causa consta que la oferta vinculada a la empresa Soluciones de Gestión pasó de cuatro a ocho millones en apenas 38 minutos y que firmó ambas órdenes ministeriales. Su defensa mantiene que su intención siempre fue comprar ocho millones y que rectificó cuando comprobó que la primera orden cubría solo quince días.
Sobre las colocaciones laborales de Jésica Rodríguez y Claudia Montes, Ábalos también se desmarcó. Defendió la intimidad de Jésica, afirmó que su relación sentimental fue real y denunció que se ha visto "toda su intimidad reventada": “Soy carne de meme”, sostuvo. Niega haber pernoctado en el apartamento que la acusación atribuye como pago en especie, afirma no haber tenido llaves ni uso del mismo y rechaza el carácter de cohecho que Anticorrupción atribuye al pago del piso de la Torre de Madrid.
Respecto al piso del Paseo de la Castellana y a las supuestas comisiones por adjudicaciones, Ábalos ha calificado como "estafa" la operación y ha dicho sentirse engañado por no recibir llaves, preguntando con claridad: “¿Díganme, qué comisiones?”. El fiscal recordó que las mordidas por adjudicaciones se investigan en la Audiencia Nacional, y el ex ministro contrapuso que las imputaciones son genéricas.
Ábalos también respondió sobre su incremento patrimonial y exhibió su lectura de informes de la Guardia Civil, cuestionando el sesgo de las pesquisas y poniendo en perspectiva los hallazgos en efectivo que le imputan. El fiscal le recordó gastos atribuibles por un importe mucho mayor, y el cruce se mantuvo tenso.
El resultado de la sesión dibuja a un acusado que mezcla negación absoluta, apelación a la intimidad vulnerada y diagnóstico de condena previa: “Este es un caso mediático, juzgado hace tiempo, con condena clara”, ha dicho, anticipando lo que él mismo espera sea el veredicto público. El juicio seguirá su curso en el Supremo; la narrativa que aporte cada prueba y cada testimonio será la que, al final, determine si esa "condena clara" es solo percepción o realidad judicial.
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