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¿A qué juega el PP con el nuevo Trump?

La derecha española debe definir su postura ante un Estados Unidos que ya no es el de siempre

Redacción Más España

Redacción · Más España

7 de marzo de 2026 2 min de lectura
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¿A qué juega el PP con el nuevo Trump?
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Pedro Sánchez ha convertido la política exterior en escenario de supervivencia política. Bajo los focos internacionales se erige como faro de los valores occidentales; en el interior, su lustre se tambalea ante un historial doméstico que muchos no olvidan. Ese contraste —relato internacional versus realidad nacional— es una verdad que pesa en la escena política española.

Pero la debilidad de Sánchez no se transforma, por arte de magia, en la fortaleza de la oposición. Frente a la irrupción de Donald Trump en la Casa Blanca, el Partido Popular carece hoy de una respuesta nítida y reconocible. Conocemos su tradición atlántica y su convicción proeuropea, sí; pero no hay una doctrina clara que responda a la pregunta decisiva: ¿cómo debe relacionarse España con un Estados Unidos presidido por Trump?

Porque no estamos ante un simple retorno al pasado. Trump ha cambiado la naturaleza misma del aliado transatlántico: más violento, más errático, más coercitivo; una potencia que, según el análisis, ha abandonado la diplomacia por la amenaza y el chantaje, incluso contra sus propios socios. Esa realidad obliga a replantear alianzas y estrategias, no a repetir consignas automáticas.

El PP no puede comportarse como si en la Casa Blanca siguiera vigente el liderazgo convencional de épocas anteriores. Señalar a Sánchez y gesticular con solemnidad no basta. La nueva América exige definición: posiciones claras, principios propios y una estrategia que no se limite a la sumisión ni a la confrontación improvisada.

Si Feijóo llegara al poder, lo previsible, dice el diagnóstico, es que se presente como antítesis de Sánchez: más institucional, menos teatral, más previsible. Su instinto será recomponer la relación con Washington, reforzar la interlocución con Bruselas y devolver a España la imagen de aliado serio. Bienvenida esa intención, pero la pregunta persiste: ¿qué hará ese Gobierno ante las bravuconadas de Trump? ¿Responderá con dignidad nacional o con silencio servil?

Un centro-derecha serio no puede convertirse en mero altavoz del trumpismo. Defender los valores occidentales no puede reducirse a aplaudir los caprichos de la Casa Blanca. España y Europa tienen intereses propios que deben defenderse con claridad y autonomía. La hora exige doctrina, no ambigüedad; liderazgo, no reflejo. Y esa es la prueba que el PP aún debe pasar.

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