Yemen entra en la contienda: los hutíes atacan a Israel y la guerra se ensancha
Un nuevo frente que amenaza rutas comerciales y complica la ya volátil ecuación regional

Redacción · Más España


La guerra en Medio Oriente se despliega como un incendio que salta de parcela en parcela. Este sábado, desde Yemen se lanzaron misiles contra Israel, según informaron las Fuerzas de Defensa de Israel en su canal de Telegram, y los hutíes —grupo que controla parte del país— confirmaron la autoría, asegurando que atacaron "objetivos militares israelíes estratégicos" en respuesta a ofensivas contra Irán y otros frentes.
Las autoridades israelíes reportaron que sus sistemas antiaéreos estaban "operativos para interceptar la amenaza" y, quince minutos después, comunicaron que los proyectiles habían sido interceptados sin que se registraran víctimas ni daños. Son hechos: lanzamiento, alerta, intercepción y ausencia de víctimas en este episodio concreto.
No es un hecho aislado. Desde el 28 de febrero, cuando comenzaron los ataques contra Irán, la dinámica ha sido de escalada: Teherán ha respondido con misiles contra Israel y estados del Golfo; Israel ha intensificado operaciones contra Hezbolá en Líbano. Ahora, la entrada de los hutíes abre un frente más, en la península arábiga, con el riesgo añadido de afectar rutas comerciales críticas, en especial el Mar Rojo, que está bajo control parcial de fuerzas hutíes desde 2014.
La experiencia reciente no es irrelevante: en la guerra de 2023 entre Israel y Hamás, los hutíes atacaron buques en el Mar Rojo, hundieron embarcaciones y obligaron a las navieras a usar rutas más largas y costosas. Aquello provocó trastornos en cadenas de suministro y comercio; hoy, con el estrecho de Ormuz de facto cerrado por Irán y el 25% del crudo mundial transitando por allí, cualquier nuevo episodio en el Mar Rojo podría agravar las perturbaciones económicas globales, como han advertido expertos citados por la propia BBC.
Los ataques desde Yemen se enmarcan en una oleada más amplia de ofensivas y contramedidas: en las últimas horas, cinco países del Golfo informaron haber interceptado drones y proyectiles lanzados desde Irán; Arabia Saudita derribó drones y misiles dirigidos a Riad; Kuwait registró daños en su sistema de radar por impactos en su aeropuerto; en Abu Dabi cinco personas resultaron heridas por restos de un cohete interceptado; en Omán un trabajador resultó lesionado por drones caídos cerca de un puerto.
Frente a estos hechos, algunas voces públicas sostienen que el conflicto está por concluir, pero los hechos —los lanzamientos, las intercepciones, la multiplicación de frentes— señalan otra realidad: la conflagración se ensancha, suma actores y expone arterias vitales del comercio mundial. No son opiniones: son informes, interceptaciones y declaraciones de actores en teatro.
Si hay una lección nítida en los datos disponibles, es que la guerra ya no es local ni contenida. Desde Yemen hasta el estrecho de Ormuz, pasando por los cielos del Golfo, se multiplican los episodios que unen teatro militar y economía global. Los gobiernos y las compañías navieras que hoy toman decisiones lo hacen sobre la base de riesgos constatados, no de deseos. Y en ese tablero, cada lanzamiento, cada intercepción y cada herido es una ficha que complica la salida y prolonga la factura para la estabilidad regional y el bolsillo del mundo.
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