Vox rompe el silencio: distancia con Trump y abraza a Meloni en un tablero global convulso
Un giro calculado tras la caída de Orban y las polémicas internacionales de la Casa Blanca

Redacción · Más España


2026 ya figura, según los hechos, como el año del agrietamiento del frente trumpista que en 2025 pareció conformarse alrededor del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
Las intervenciones y amenazas del presidente estadounidense —desde la operación en Venezuela que acabó con la detención de Nicolás Maduro hasta advertencias sobre la soberanía de Groenlandia y las acciones en Irán— han provocado reacciones en cadena entre los socios europeos que meses atrás se mostraron próximos a la Casa Blanca.
Vox, que hasta ahora había esquivado pronunciamientos rotundos en los episodios más comprometidos, ha cambiado de tono. Ayer, su portavoz parlamentaria Pepa Millán defendió a la primera ministra italiana Giorgia Meloni tras las críticas públicas de Trump y calificó algunas posiciones del mandatario estadounidense como "poco comprensibles". Millán sostuvo además que Meloni "es una de las políticas más valientes que hay" y recordó que la "misión" del Papa no es la de "someterse a ningún político"; añadió que "los políticos tampoco tienen por qué controlarles".
La propia Millán no fue la única voz que marcó distancia: en la bancada, José María Figaredo valoró que Trump "quiso hacerse el gracioso y se pasó de frenada" al criticar al Pontífice. También Millán reclamó a la comunidad internacional que trabaje por una salida diplomática cuanto antes en la guerra de Irán "para evitar las muertes de tantos inocentes".
Este giro se produce en un momento concreto: la derrota electoral de Viktor Orbán, que reduce el poder institucional del grupo europeo con el que Vox había apostado en 2024. Vox salió de ese grupo para alinear su apuesta con el dirigente húngaro; sin embargo, tras la debacle de Orban y con la presencia política de Meloni en primer plano, Vox ha decidido cerrar filas con la primera ministra italiana y, en ese gesto, distanciarse de Trump.
No es la primera vez que otros partidos de la derecha dura europea se desmarcan del presidente estadounidense: Marine Le Pen respondió tras la intervención en Venezuela; Jordan Bardella criticó las amenazas sobre la soberanía de Groenlandia; y voces en la AfD también mostraron rechazo. Vox, por su parte, legitimó en su momento la acción en Venezuela y evitó pronunciarse sobre Groenlandia —"no es nuestra competencia", dijo entonces el portavoz José Antonio Fúster—, pero ahora opta por sumarse a una postura más crítica, aunque con meses de retraso respecto a algunos homólogos europeos.
El resultado es obvio en los hechos: una reorganización de alianzas dentro de la derecha continental donde los gestos públicos cuentan tanto como las decisiones privadas. Santiago Abascal, que mantuvo contactos con Meloni en privado, ahora ve consolidada una alianza pública que, al tiempo, le obliga a tomar distancias con la Casa Blanca cuando los límites del Derecho internacional y los intereses europeos han chocado con las políticas de Trump.
La política internacional se escribe con hechos. Y los hechos indican que las lealtades de ayer no siempre resisten las pruebas de hoy. Vox lo sabe y actúa en consecuencia: reafirmar lazos con Meloni, recelar de decisiones que sobrepasan fronteras y calibrar, con cautela tardía, su relación con Washington.
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