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Vox regresa al poder tras perder casi 780.000 apoyos: la factura de la trumpización

El desgaste por su vínculo con Trump y la reversión de flujos con el PP obligan a Abascal a volver a la gestión

Redacción Más España

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19 de abril de 2026 3 min de lectura
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Vox regresa al poder tras perder casi 780.000 apoyos: la factura de la trumpización
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Vox ha encontrado en abril un punto de inflexión que no es de orden estratégico sino de supervivencia. Lo que fue una apuesta consistente por la oposición y la confrontación —una jugada que le había otorgado músculo demoscópico— choca ahora con la realidad: el empuje que le proporcionaba absorber electores del PP se ha desplomado. El saldo neto de transfuguismo interno en la derecha cae de 1,46 millones en marzo a 685.180 en abril. Es decir: 776.046 apoyos menos en apenas treinta días.

No se trata de una simple oscilación coyuntural. El dato revela que el PP ha logrado frenar el trasvase que había sido durante meses la principal fuente de crecimiento para Vox. El flujo de ex votantes populares que ahora se inclinan por Abascal cae al 11,7% —953.670 personas— y, en sentido contrario, la fuga desde Vox hacia el PP se dispara al 8,8% —268.490 personas—. Ese repunte de retorno hacia las siglas populares sitúa a Vox ante la necesidad de cambiar de narrativa: de la pura presión a la gestión compartida.

Ese retorno al poder se materializa ya en la decisión de entrar en el Ejecutivo de María Guardiola en Extremadura y, según la información, con posibilidad de replicarse en Aragón. Es un vuelco táctico: pasa de alardear de oposición a abrazar la responsabilidad de gobernar. No hay en la fuente otra lectura que la pura contabilidad política: cuando la estrategia de escorada oposición alcanza un techo, la otra salida es el control institucional.

A ese panorama interno se superpone un elemento internacional que no puede obviarse. La apuesta pública y reiterada de Vox por el frente europeo afín a Donald Trump —la cumbre en Madrid y la sintonía con líderes como Le Pen u Orban— dejaba al partido en una posición nítida respecto al presidente estadounidense. Pero los vaivenes internacionales, y muy especialmente los episodios bélicos recientes que han sacudido la escena mundial, han tensado esa alineación. La crisis internacional y el impacto de decisiones de Washington e Israel sobre Irán, junto a fisuras entre algunos aliados europeostras, han contribuido a que ese frente trumpista muestre signos de desgaste.

No es menor que, según la información, Abascal haya deslizado por primera vez roces con Trump en torno a sus críticas a Giorgia Meloni y que la caída de Orban en Hungría suponga también un revés para la construcción europeísta que Vox intentaba. Estos hechos, recogidos en la fuente, sitúan a la formación frente a un dilema: seguir dependiente de un relato exterior —que ahora reporta costes— o reforzar su oferta desde la gestión autonómica.

Así surge la lectura política imprescindible: Vox busca con la entrada en gobiernos autonómicos frenar la hemorragia electoral y ofrecer a su electorado una imagen de responsabilidad que complete su oferta. La apuesta por gobernar se convierte en su principal baza ante unas generales que se aproximan en el horizonte político; la transición de la beligerancia a la administración será, según los hechos referidos, el laboratorio en el que se juegue la capacidad de Abascal de recuperar el pulso perdido.

Que la derecha española esté hoy reconfigurando sus relaciones en las autonomías no es una circunstancia menor; es la escena donde se dirimirán los movimientos intrabloque que han quedado en evidencia en las encuestas. Vox ha decidido, por ahora y en los hechos, que su salida al problema no será únicamente retórica: vuelve al poder para ver si la gestión detiene la sangría que los sondeos han puesto al descubierto.

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