Trump promete “tomar” Cuba mientras la isla sufre un apagón total
Declaraciones beligerantes del presidente estadounidense ante negociaciones y crisis energética en la isla

Redacción · Más España


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pronunció sin ambages que tendrá “el honor” de “tomar” Cuba y que cree que podrá “hacer lo que quiera” con la isla. Lo dijo respondiendo a preguntas de los reporteros en la Casa Blanca, y añadió que Cuba es “una nación muy debilitada en este momento”. Estas son las expresiones más explícitas sobre el futuro de la isla desde que el actual pulso entre La Habana y Washington se agravó.
Las declaraciones de Trump coincidieron con una noticia aún más tangible: ese mismo día Cuba sufrió un apagón total, confirmado por las autoridades de la isla. La sincronía entre la retórica y la realidad energética no es un dato menor: el gobierno cubano ha denunciado que lleva meses sin recibir petróleo y el presidente Miguel Díaz-Canel admitió en un inusual mensaje público que su administración negocia con Estados Unidos “por la vía del diálogo” para buscar soluciones a las diferencias bilaterales.
En el terreno de las sanciones, la Casa Blanca firmó en enero una orden que amenaza con imponer aranceles a países que suministren petróleo a Cuba. Según el mismo texto informativo, Venezuela, uno de los principales proveedores de crudo de la isla, dejó de enviar combustible después de que tropas estadounidenses capturaran en Caracas al presidente venezolano Nicolás Maduro, y Delcy Rodríguez asumiera en su lugar la vicepresidencia.
La narrativa de Washington —según recoge la información— ha incluido medidas destinadas a asfixiar energéticamente a la isla en los últimos meses, en lo que parece un intento de forzar un cambio de rumbo en un Estado que se define como comunista. Díaz-Canel subrayó que Cuba lleva tres meses sin recibir petróleo a causa del “bloqueo”, aunque los críticos señalan que los apagones también se deben a problemas de mantenimiento en una red eléctrica con deficiencias de larga data.
Ante este escenario, las palabras presidenciales adquieren una dimensión política y simbólica de alto voltaje: no son solo un pronunciamiento sobre política exterior, sino un anuncio en voz alta que se superpone a la crisis energética que sufre la población cubana. La admisión de negociaciones por parte de La Habana, y la simultaneidad del apagón, dibujan un conflicto cuyo desenlace tendrá consecuencias prácticas y humanitarias, y que exige ser observado con atención por la comunidad internacional.
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