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Trump aplaude la reapertura de Ormuz: victoria táctica o pausa frágil

El expresidente celebra el anuncio de Irán mientras persisten dudas sobre la seguridad marítima y la normalización del suministro

Redacción Más España

Redacción · Más España

18 de abril de 2026 2 min de lectura
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Trump aplaude la reapertura de Ormuz: victoria táctica o pausa frágil
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El día en que el precio del Brent cayó desde picos cercanos a los US$119 hasta situarse en US$88, la reacción política fue instantánea y pública. Irán declaró que el estrecho de Ormuz estaría "completamente abierto" para buques comerciales mientras dure el alto el fuego; Donald Trump celebró la noticia en su perfil en Truth Social agradeciendo la reapertura y sosteniendo que Irán había aceptado "no volver a cerrar nunca más el estrecho".

Esa exultación presidencial tiene la claridad de lo evidente: los mercados respiraron. Los principales índices estadounidenses subieron y las bolsas europeas repuntaron. Pero de la euforia a la normalidad hay un trecho que no conviene ignorar. Los buques cisterna llevan semanas fuera de ruta, las cadenas logísticas están tensionadas y, como advierten voces consultadas, el regreso a niveles previos de tránsito no será automático ni inmediato.

Trump celebra una reapertura condicionada: la declaración iraní liga el paso libre al periodo restante del alto el fuego. Y ese alto el fuego, según la propia cobertura, expira en pocos días. No se trata, por tanto, de un acuerdo firme a largo plazo, sino de una ventana temporal que permite maniobrar. Es comprensible que el expresidente premie con palabras un gesto que atenúa una fuente directa de presión sobre los precios y la economía global. También es legítimo exigir concreciones: si la intención es que Ormuz deje de ser un arma, la comunidad internacional debe exigir garantías verificables y permanentes.

Mientras tanto, la prudencia rige las decisiones comerciales. Operadores y navieras dicen con franqueza que la seguridad de tripulaciones y buques marca la ruta: no será la declaración aislada la que haga volver a cruzar a la primera embarcación. Empresas como Stena Bulk y otras mantienen la vigilancia y condicionan el tránsito a certezas prácticas de seguridad. Y los analistas recuerdan otra verdad elemental: las cadenas de suministro no se recomponen en días; los efectos sobre carburantes, fertilizantes y precios alimentarios tardarán semanas o meses en reabsorberse.

Es justa la celebración de un gesto que reduce la tensión y hace bajar los precios en el corto plazo. Pero el patriotismo responsable exige no quedarse en el titular triunfal. Aplaudir el alivio momentáneo sin pedir pactos duraderos y mecanismos que eviten la instrumentalización del estrecho sería conformismo político y riesgo económico para consumidores y empresas. Si la reapertura ha de ser real y permanente, debe estar acompañada de acuerdos verificables, garantías operativas y la seguridad de que la vía no será utilizada de nuevo como palanca de chantaje.

Trump ha puesto en la plaza pública el agradecimiento; ahora corresponde a gobiernos, armadores y organismos internacionales transformar esa ventana en una solución estable. Celebrar sí, pero con la firmeza de quien exige resultados: el mundo y nuestras economías se merecen algo más que una tregua temporal.

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