Trump anuncia conversaciones con Irán mientras Teherán lo desmiente: ¿diplomacia o teatralidad bélica?
Un giro verbal que conmueve mercados y deja más preguntas que certezas

Redacción · Más España


Donald Trump ha afirmado haber sostenido conversaciones con Irán encaminadas a una “completa y total resolución de hostilidades” y, sobre esa base, ha anunciado la postergación de ataques contra centrales eléctricas iraníes que él mismo amenazó con “arrasar”.
La Casa Blanca, según la palabra presidencial recogida por la prensa, habla ahora de diálogos “muy buenos y productivos” y de un aplazamiento de cinco días para evaluar si emerge un acuerdo que permita evitar la acción militar. Antes, el propio presidente había impuesto un ultimátum de 48 horas para que el estrecho de Ormuz se reabriera “por completo” y “sin amenazas”, so pena de destruir instalaciones energéticas iraníes.
Pero el relato de Washington choca frontalmente con la versión oficial de Teherán. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, citado por la cadena CBS, niega que existan negociaciones en curso entre los dos países y afirma que solo recibió “unos puntos de EE. UU. a través de mediadores” que están siendo revisados, sin confirmar contactos directos.
La contradicción no es menor: un presidente que proclama haber entablado diálogo y un adversario que lo desmiente. Esa disonancia ha tenido efectos inmediatos en la economía global: el barril Brent cayó alrededor de un 13%, hasta cerca de US$96, y los mercados bursátiles recuperaron terreno tras una apertura a la baja.
En el terreno regional, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, consideró que existe “una oportunidad para aprovechar los tremendos logros” de la operación conjunta entre EE. UU. e Israel, y defendió que un eventual acuerdo con Irán “protegerá nuestros intereses vitales”. Paralelamente, reiteró que las fuerzas israelíes siguen infligiendo golpes al programa nuclear de Teherán y a sus aliados.
Mientras las capitales emiten declaraciones contrapuestas, la población en Irán vive la incertidumbre: reportes de corresponsales señalan reacciones de ciudadanos que describen el momento como impredecible y peligroso. En el propio país hay versiones que afirman la ausencia de contacto directo con Trump y responsables que subrayan la negativa iraní a negociar “antes de lograr las metas de Irán de la guerra”.
No es momento de triunfalismos ni de resignación. La alternancia entre amenaza y aparente apertura obliga a extremar la prudencia diplomática y a exigir claridad: si hay conversaciones, deben confirmarse y formalizarse; si no las hay, no pueden usarse palabras de paz como sustituto de la estrategia ni como herramienta para moderar mercados. La verdad de los hechos —no la palabra al paso— es la que decidirá si hay frenazo a la escalada o el preludio de un conflicto mayor.
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