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Silencio y valor: jugadoras iraníes entre el himno y el peligro

Cinco futbolistas refugiadas en Australia tras negarse a cantar el himno; acusadas de “traidoras en tiempos de guerra”

Redacción Más España

Redacción · Más España

14 de marzo de 2026 3 min de lectura
Silencio y valor: jugadoras iraníes entre el himno y el peligro
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Un silencio en el estadio se ha convertido en una alarma internacional. Cinco jugadoras de la selección femenina de fútbol de Irán, que se negaron a cantar el himno nacional en un partido de la Copa Asiática en Australia, ahora se hallan refugiadas en un lugar seguro y, según fuentes citadas por la BBC, consideran solicitar asilo.

La escena tuvo ribetes dramáticos: cientos de aficionados rodearon al entrenador al salir del estadio con cánticos de “¡Salven a nuestras chicas!”, mientras que dentro del hotel de cinco estrellas varios grupos de la delegación abandonaron el vestíbulo en momentos de evidente nerviosismo. Un segundo grupo —incluido el traductor y el entrenador principal— irrumpió poco después con aspecto de pánico y se dispersó por el hotel; luego regresaron a sus habitaciones. Las autoridades no han emitido declaraciones públicas sobre lo ocurrido.

La reacción desde Irán no se hizo esperar. Un analista conservador calificó a las jugadoras como “traidoras en tiempos de guerra” y exigió castigo severo, palabras que alimentaron el temor por la seguridad de las futbolistas y sus familias.

En Australia, activistas y miembros de la comunidad iraní dieron apoyo a las deportistas: se vieron abucheos a la bandera oficial y la exhibición clandestina de la antigua bandera del León y el Sol en las gradas. Aun así, en los partidos siguientes la selección iraní sí cantó y saludó durante el himno, lo que hizo sospechar a algunos críticos que pudo haber presión por parte de miembros de la delegación vinculados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.

Figuras públicas y defensores de derechos humanos expresaron preocupación. Craig Foster, excapitán de la selección australiana y activista, subrayó ante la BBC la razón de la inquietud: quienes participan en torneos regulados por la FIFA deben tener derecho a seguridad y apoyo exterior si temen por su integridad ahora o en el futuro.

Fuera del terreno de juego, la atención se internacionalizó: el presidente de Estados Unidos publicó en redes que Australia debería otorgarles asilo; horas después dijo haber hablado con el primer ministro australiano y aseguró que “cinco ya han sido atendidas y el resto están en camino”. Por su parte, un familiar de una de las jugadoras afirmó a la cadena ABC, bajo condición de anonimato, que las mujeres estaban protegidas por la policía y planeaban solicitar asilo.

Este episodio trae a primer plano la peligrosa encrucijada entre un acto íntimo —cantar o no un himno— y las represalias que puede desencadenar fuera del campo. La protesta silenciosa, el acoso verbal, la protección policial y el llamado al asilo componen una trama que trasciende lo deportivo y plantea preguntas elementales sobre libertad, seguridad y responsabilidad internacional frente a quienes se ven amenazadas por decisiones que, en otro contexto, serían simplemente personales.

Mientras tanto, las autoridades iraníes no han ofrecido explicaciones públicas sobre los hechos en Australia, y las jugadoras permanecen, por ahora, en un lugar seguro lejos del país que representan. El mundo observa, y las jugadoras aguardan decisiones que pueden marcar el resto de sus vidas.

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