Seriedad o espectáculo: la advertencia de Macron a Trump sobre Irán
El presidente francés exige coherencia y discreción ante una guerra que no admite improvisaciones

Redacción · Más España


Emmanuel Macron ha lanzado una advertencia limpia y cortante: la guerra no es un vodevil. Llegando a Corea del Sur, el presidente francés pidió un tratamiento serio del conflicto con Irán y emplazó a quienes cambian de discurso cada día a moderar sus palabras. "Esto no es un espectáculo. Estamos hablando de la guerra y la paz y de la vida de hombres y mujeres", dijo el jefe del Estado francés, con la rotundidad que exigen los hechos.
Macron condenó la oscilación de mensajes en la Casa Blanca: que un día se anuncie un alto el fuego, que al siguiente se proclame la victoria, o que se afirme que la guerra continuará sin matices, no contribuye a la estabilidad. "Cuando se quiere ser serio, no se dice cada día lo contrario de lo que se dijo el día anterior", señaló. Y añadió un reproche a la sobreexposición verbal: "quizá no se debería hablar diariamente. Simplemente hay que dejar que las cosas se calmen".
El presidente francés también puso en cuestión la práctica de decidir operaciones unilaterales y luego lamentar la soledad. Sobre la intervención de Estados Unidos e Israel contra Irán, Macron fue claro: Francia y otros europeos han apoyado algunas operaciones, pero se han resistido a verse arrastrados a la guerra. "No es nuestra operación", afirmó sobre una intervención que, a juicio francés, fue decidida por unos y seguida por otros.
En materia de control del programa nuclear iraní, Macron recordó la fragilidad de las afirmaciones triunfalistas. Rememoró que hace meses se aseguró que instalaciones habían sido "destruidas" y que el problema estaba resuelto, y contrapuso la realidad: la solución nuclear no se obtiene con acciones militares selectivas o temporales. Reclamó observadores internacionales y un marco para impedir más enriquecimiento: la tarea exige tiempo y verificación, no anuncios solemnes.
También lanzó un aviso sobre el estrecho de Ormuz. Tras el cierre impuesto por Teherán —respuesta a ataques contra su territorio— Trump sugirió que los países afectados deberían resolverlo por sí mismos; Macron calificó de "poco realista" cualquier operación militar para liberar el paso, por su duración y peligrosidad. Recordó los riesgos: amenazas costeras por parte de la Guardia Revolucionaria, misiles balísticos y otras contingencias que harían de una intervención un empeño arriesgado.
El reproche no quedó sólo en lo geoestratégico. Ante una comida privada en la que Donald Trump imitó un acento francés y bromeó sobre el trato que la esposa de Macron le da a su marido —aludiendo a un vídeo—, Macron calificó esos comentarios de "poco elegantes y fuera de lugar". Rehusó responder en la misma moneda: "No voy a responderles, no merecen una respuesta", afirmó. En Francia, la reacción fue mayoritariamente crítica hacia Trump; incluso adversarios políticos de Macron salieron en su defensa.
Las palabras del presidente francés trazan un diagnóstico y una exigencia: si se pretende gestionar la guerra y la paz, la diplomacia y la coalición, hacen falta coherencia, discreción y supervisión internacional. Nada de eso admite, ni por asomo, el teatro verbal ni la alternancia diaria de banderines triunfalistas.
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