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Seguridad desbordada: cuando el espectáculo eclipsa la técnica sanitaria

Los protocolos fueron correctos, pero el exceso de aislamiento respondió más a la presión mediática que a la necesidad

Redacción Más España

Redacción · Más España

11 de mayo de 2026 2 min de lectura
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Seguridad desbordada: cuando el espectáculo eclipsa la técnica sanitaria
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El operativo despertó centenares de miradas. Pedro Gullón, director general de Salud Pública, lo definió sin ambages: «complicado por la cantidad de organismos implicados y por el volumen de personas». No es menor: la logística, la coordinación y la visibilidad pública confluyeron en un dispositivo que superó la estricta técnica de salud pública y entró en el terreno del espectáculo.

Los expertos consultados no reniegan de los protocolos: «no son nuevos y son correctos», resume Pedro Ignacio Arcos González, que apunta, sin florituras, al matiz decisivo: el enorme nivel de aislamiento añadido posiblemente estuvo influido por la presión mediática y política. Es decir: se reforzó lo ya establecido hasta convertir lo razonable en sobreactuación.

La imagen lo dijo todo. Frente a la sencillez funcional de los equipos franceses —bata impermeable, gafas, guantes y mascarilla FFP2— se desplegaron en el bando español monos integrales y, en algunos casos, trajes con respiración autónoma. Mar Faraco, jefa de Servicio de Sanidad Exterior en Huelva, resume la conclusión técnica: el francés es suficiente; el español, seguro pero innecesario para el nivel de riesgo conocido.

No se trata de tecnofobia ni de restar esfuerzos: se trata de precisión. El traje naranja de respiración autónoma tiene su razón de ser en ambientes de bioseguridad tipo 3 o 4; no en la situación descrita. Si ese nivel hubiera sido imprescindible, todos lo habrían vestido. Pero no fue el caso, y esa distancia entre lo técnico y lo mediático se hizo palpable.

Hay además una acusación velada a las circunstancias que rodearon la operación: un desembarco en fondeo complica más a todos los implicados y, según Faraco, pudo haber pesado más que la pura protección de salud pública. Decisión política y presión informativa imprimieron un sello que excedió la estricta necesidad sanitaria.

Que las medidas fueran molestas para los pasajeros cuarentenados no invalida su justificación en una fase de incertidumbre, apunta José Miguel Cisneros Herreros; pero también confirma la tesis de que, sin la jaula informativa que convirtió el episodio en foco mundial, la seguridad podría haberse garantizado con menor complejidad.

Conclusión: no se discute la profesionalidad ni la intención: el sistema aplicó medidas de alto nivel. Pero la prudencia exige distinguir entre lo imprescindible y lo acicalado para la cámara. Cuando la gestión sanitaria se subordina a la presión externa, el resultado es un exceso costoso en recursos, en molestias y en sentido común. La nación exige eficacia, no teatrillo protector.

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