Economía

Recuperar el pulso: la España que forma talento y crea empleo

Resultados QS por disciplinas: 14 carreras en el top 50 y la Complutense en el undécimo lugar en Odontología

Redacción Más España

Redacción · Más España

25 de marzo de 2026 3 min de lectura
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Que la educación superior de España avance no es un acto fortuito ni una ocurrencia; es el fruto de decisiones y de esfuerzo colectivo. El último ránking QS por disciplinas coloca a 14 titulaciones españolas entre las 50 mejores del mundo y sitúa a la Facultad de Odontología de la Universidad Complutense de Madrid en su mejor posición histórica, el puesto undécimo. Son datos que hablan con crudeza: cuando la reputación académica y el impacto investigador cuentan —y pesan entre el 40% y el 60% en la nota final—, quienes producen conocimiento y logran citas salen beneficiados. La Complutense lo explica mejor que nadie: alto impacto en publicaciones y citas por artículo, y docentes reconocidos internacionalmente que atraen talento y estudiantes.

No es un caso aislado. España registra cinco facultades o escuelas entre las 20 mejores del mundo y ha triplicado esa cifra respecto al año anterior. El ránking QS, que evalúa más de 21.000 ofertas académicas de 1.900 instituciones en 100 países, ha analizado 638 programas de 54 centros españoles: 197 mejoran posición, 174 descienden, 184 permanecen estables y 83 entran por primera vez. El saldo neto, cifrado por QS como una mejora del 4%, coloca a España entre los seis países de la Unión Europea que más han subido. Hechos, no elogios vacíos.

¿Por qué esa mejoría? Las explicaciones oficiales del propio QS son claras y sobrias: especialización en áreas de alta demanda estudiantil, graduados que resultan atractivos para las empresas y una investigación con reconocimiento internacional. Añaden factores estructurales de nuestra economía: un crecimiento superior a la media en años recientes, creación de empleo y una inversión pública sostenida en educación superior. El ejemplo citado —el plan plurianual de financiación universitaria de la Comunidad de Madrid, valorado en 14.800 millones de euros— y la inversión histórica en becas aparecen como indicios de un sistema que incrementa su competitividad global. Son elementos tangibles que merecen ser conservados y replicados donde proceda.

El propio diseño del ránking explica por qué disciplinas con fuerte conexión al empleo y a la investigación muy citada emergen con fuerza: la empleabilidad pesa entre el 20% y el 30%, y los indicadores de investigación ocupan tramos relevantes (entre 7,5% y 20%). No sorprende, por tanto, que Medicina revalide su liderazgo: 27 universidades españolas clasificadas y un empuje al alza en las instituciones clave. Tampoco resulta inesperado que carreras de Salud —Odontología, Medicina, Enfermería, Psicología— sean las más demandadas en la Comunidad de Madrid: para 100 plazas en Odontología se registraron 3.024 preinscripciones, 1.252 en primera opción. El desequilibrio entre oferta pública y demanda creciente en Ciencias de la Salud se evidencia con números y provoca lo que el propio análisis denomina una “burbuja reputacional”.

No conviene, sin embargo, caer en triunfalismos complacientes: 174 programas han descendido y la radiografía es heterogénea. Pero los hechos obligan a reconocer que hay fortalezas sobre las que construir: especialización estratégica, buenas métricas de investigación y vínculos con el mercado laboral. Eso, traducido a política pública, exige continuidad en la financiación, incentivos para la captación de proyectos competitivos y una política de becas que permita cohesionar talento sin sesgos territoriales.

La lección para la economía es nítida y patriótica: invertir en educación superior de calidad no es un gasto ornamental, es palanca de competitividad, empleo y prestigio internacional. Los resultados de QS no son un final sino una advertencia y una oportunidad. Advertencia, porque la mejora debe consolidarse y extenderse. Oportunidad, porque España ya cuenta con programas que atraen estudiantes y empleadores; corresponde a los responsables públicos y al mundo empresarial fortalecer esa base, evitar descompensaciones y abrir más plazas donde la demanda social y el mercado laboral lo exigen.

Que la Complutense alcance el undécimo puesto en Odontología o que haya cinco centros entre los veinte mejores son datos para sentir orgullo, pero, sobre todo, son instrumentos: sirven para justificar políticas decididas. Si queremos una España con crecimiento sostenido y empleo de calidad, eso pasa por apostar sin ambages por la excelencia formativa y la investigación que genera citas y contratos. Hechos sobre la mesa. Hora de actuar con la misma contundencia con la que ahora podemos mostrar resultados.

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