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Que tomen su propio petróleo: la embestida verbal de Trump desnuda la fragilidad de las alianzas

La exhortación del presidente estadounidense al Reino Unido y otros aliados expone una crisis de confianza en plena tensión por el estrecho de Ormuz

Redacción Más España

Redacción · Más España

31 de marzo de 2026 3 min de lectura
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Que tomen su propio petróleo: la embestida verbal de Trump desnuda la fragilidad de las alianzas
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Donald Trump ha elegido la vía de la descalificación y la provocación directa: en publicaciones en Truth Social y en entrevistas ha instado al Reino Unido y a otros países a acudir al estrecho de Ormuz y "tomar" su propio petróleo. No es un exabrupto aislado; es la expresión de una frustración explícita por el escaso apoyo internacional ante el conflicto con Irán, tal como recoge BBC Mundo.

El contexto objetivo es inapelable. Irán ha bloqueado el paso marítimo del estrecho de Ormuz poco después del inicio de las hostilidades, y por esas aguas circula aproximadamente una quinta parte del consumo mundial de petróleo y el 25% del crudo que se transporta por vía marítima. El cierre ya tiene efectos palpables: el barril supera los US$115 y la gasolina en Estados Unidos se aproxima a los US$4 por galón, niveles que no se veían desde 2022.

La arenga de Trump —"vayan a buscar su propio petróleo", "tendrán que empezar a aprender a luchar por sí mismos", "Estados Unidos ya no estará ahí para ayudarlos"— no es solo una bronca retórica. Es una prueba pública de la irritación del presidente con países que han mostrado reservas o negativas explícitas a prestar apoyo logístico: BBC menciona rechazos o reticencias por parte de naciones como España e Italia a ceder bases para operaciones vinculadas a la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán.

En Washington, la retórica no se limita al presidente. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, afirmó desde el Pentágono que "los próximos días serán decisivos" y ha señalado que cada vez más buques transitan por el estrecho. Hegseth describió posteriormente la reapertura del paso como "el objetivo" y puso en el foco a la Marina Real británica, mientras advertía que el mundo debe "estar atento y preparado para actuar".

La coreografía pública de la Casa Blanca —pasar de pedir ayuda a acusar a los aliados de deslealtad, según el corresponsal Tom Bateman— plantea una pregunta geopolítica elemental: ¿están cambiando las reglas de la alianza atlántica cuando más se necesita coordinación? Si los aliados no coinciden en modos y medios para responder, la relación se resiente; si Estados Unidos decide unilateralmente reducir su compromiso, el mapa estratégico se reescribirá.

Mientras tanto, el Reino Unido anuncia medidas: su ministro de Defensa, John Healey, reconoció el incremento de ataques de Irán y anunció apoyo adicional en defensa aérea a estados del Golfo como Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y Baréin. Es una respuesta que busca preservar intereses y rutas críticas, pero no es la réplica contundente que la retórica de Washington reclama.

No hay espacio aquí para la épica de ocasión ni para la furia gratuita: los hechos son claros y durísimos. Un estrecho bloqueado, precios que suben, aliados dubitativos y una Casa Blanca que, por canales oficiales y redes, está midiendo lealtades y responsabilidades. Esa combinación exige decisiones serias, coordinación real y, sobre todo, una política exterior que no se reduzca a exhortos inflamados. La seguridad colectiva no se improvisa; se sostiene con compromiso y con estrategia, no solo con consignas.

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