EE.UU.

Putin proclama un fin inminente mientras Occidente sigue alimentando la confrontación

Tras un Día de la Victoria atípico, el presidente ruso anuncia que la guerra con Ucrania 'está llegando a su fin'

Redacción Más España

Redacción · Más España

10 de mayo de 2026 3 min de lectura
Compartir
Putin proclama un fin inminente mientras Occidente sigue alimentando la confrontación
Mas España
Mas España Logo

Vladimir Putin no se limitó a hablar: dibujó un final. Tras un desfile reducido en la Plaza Roja —sin tanques ni misiles, con menos periodistas y sin el habitual despliegue— el presidente ruso declaró que «la cuestión está llegando a su fin» al referirse a la llamada "operación militar especial" en Ucrania. No fue una afirmación casual; fue la tesis que explicó y defendió frente a los micrófonos.

Ese escenario, escenográficamente contenido por razones de seguridad —las autoridades temían un ataque con drones—, vino acompañado de un alto el fuego de última hora mediado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que, según la crónica, redujo el peligro de un ataque y permitió que el desfile transcurriera sin incidentes. En la práctica, un gesto táctico que rebaja la tensión inmediata pero no borra las líneas de fractura que el propio Putin se encargó de recalcar.

En su discurso del Día de la Victoria, que minutos antes había servido para justificar la guerra, Putin calificó la contienda como «justa» y describió a Ucrania como una «fuerza agresiva» armada y apoyada por el bloque de la OTAN. Ese alegato no es retórica neutra: en sus palabras late la acusación directa a Occidente por haber prometido ayuda y «comenzado a avivar una confrontación con Rusia», una confrontación que, insistió, continúa hasta hoy.

Frente a esa acusación, Putin abrió una ventana táctica: se mostró dispuesto a negociar acuerdos de seguridad para Europa y dijo que su socio preferente sería Gerhard Schröder, el excanciller alemán vinculado a empresas energéticas rusas. También condicionó cualquier reunión con Volodymyr Zelensky: solo la consideraría una vez alcanzados los acuerdos finales sobre un tratado de paz «con perspectiva histórica a largo plazo», y aun así, en un tercer país y como paso final para la firma.

En paralelo, Moscú y Kyiv pactaron un intercambio de 1.000 prisioneros de cada lado como parte del alto el fuego liderado por EE. UU. No obstante, Putin señaló que Moscú aún no había recibido noticias de Ucrania sobre el intercambio, subrayando que la materialización de esos acuerdos sigue dependiendo de pasos concretos que, por ahora, no se han completado.

El Día de la Victoria dejó así imágenes inusuales: por primera vez en casi dos décadas no hubo equipo militar en la Plaza Roja; muchos medios internacionales vieron denegado el acceso; y el acto, reducido, pareció tanto una muestra de precaución como un mensaje. Mensaje que, desde la tribuna del Kremlin, se articuló entre la afirmación de un fin próximo y la reclamación de garantías y condiciones que deben darse antes de cualquier gesto político mayor.

Queda, por tanto, un doble hecho: la declaración de un presidente que percibe el conflicto «llegando a su fin» y la persistencia de desconfianzas y condiciones que convierten ese final en un proceso todavía frágil y condicionado. No hay certezas absolutas en lo anunciado; hay, en cambio, requisitos, reclamaciones y la necesidad de pasos verificables. Esa es la realidad que se presentó en la Plaza Roja: una declinación del estruendo bélico acompañada de un discurso que reclama, ante todo, reconocimiento y seguridad.

También te puede interesar