Pausa y paradoja: Trump detiene el Proyecto Libertad tras «grandes avances» con Irán
Una suspensión anunciada como acuerdo mutuo que replantea la estrategia en el estrecho de Ormuz

Redacción · Más España


Donald Trump anunció la suspensión —por un “breve período de tiempo”, según la propia Casa Blanca— del Proyecto Libertad, la operación iniciada para facilitar el paso de buques por el estrecho de Ormuz. Lo hizo invocando un “acuerdo mutuo” y la existencia de “grandes avances” hacia un entendimiento con Irán.
Es una decisión que cambia el guion desplegado en 48 horas: de promesas de escolta y seguridad marítima a una tregua que, en la práctica, mantiene intacto el bloqueo económico contra puertos iraníes. El presidente añadió además que la pausa se produjo “a petición de Pakistán”, país que ha mediado entre Washington y Teherán.
La suspensión se produjo en paralelo al comunicado del secretario de Estado, Marco Rubio, que informó del fin de la ofensiva conjunta Estados Unidos–Israel denominada “Operación Furia Épica”, tras su “conclusión” por haberse alcanzado los objetivos fijados. Esa doble declaración —fin de la operación militar y pausa del Proyecto Libertad— dibuja una salida táctica que combina presión y negociación.
No hay, sin embargo, milagros instantáneos: el objetivo declarado del Proyecto Libertad era restablecer el flujo de petróleo y sacar a los buques varados del Golfo para devolver normalidad a un mercado global tensionado. Si durante la pausa las compañías navieras o las aseguradoras siguen sufriendo interferencias iraníes, será difícil sostener que ese propósito se ha cumplido.
Los episodios de los días previos ponen en evidencia la fragilidad del escenario: Washington informó de haber atacado siete lanchas rápidas iraníes, mientras Irán dijo haber efectuado disparos de advertencia contra un buque estadounidense. Dos buques comerciales denunciaron haber sufrido ataques; uno de ellos salió del estrecho escoltado por fuerzas estadounidenses.
Los responsables estadounidenses que defendieron el Proyecto Libertad —Rubio, el secretario de Defensa Pete Hegseth y el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine— habían prometido garantías de libertad de navegación. La decisión presidencia, en contraste, abre preguntas sobre la coherencia entre la estrategia militar anunciada y la vía diplomática que ahora se favorece.
También es notable que la administración no ha renunciado a la presión: el bloqueo económico contra Irán permanece vigente y se menciona una “Furia Económica” que apunta a aislar a Teherán de mercados e instituciones globales. Al mismo tiempo, Trump anticipó conversaciones con aliados clave —Japón y China— para abordar la reapertura del estrecho.
¿Es esta pausa una retirada o una pausa calculada para volver a negociar? Los hechos conocidos no permiten afirmar más que lo anunciado: una suspensión temporal del operativo naval, el mantenimiento del bloqueo económico y la finalización oficial de la ofensiva militar. Lo que sigue es incierto, y el estrecho de Ormuz sigue siendo un polvorín cuyo control condiciona el precio y la estabilidad del suministro energético mundial.
En la encrucijada quedan la seguridad de las rutas marítimas y la credibilidad de las promesas de protección. El mundo observará si el alto el fuego anunciado se traduce en seguridad real para los buques y en un diálogo efectivo, o si, por el contrario, la pausa solo pospone nuevas tensiones en una región que no admite complacencias.
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