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Pakistán, el puente que evitó el abismo entre Trump e Irán

Un intermediario discreto y decisivo en unas horas en que todo pudo romperse

Redacción Más España

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9 de abril de 2026 3 min de lectura
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Pakistán, el puente que evitó el abismo entre Trump e Irán
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Hubo un hilo frágil que sostuvo la posibilidad de diálogo entre Estados Unidos e Irán: Pakistán. No fue un gesto grandilocuente, ni una intervención pública ostentosa; fue, según fuentes pakistaníes y la misma narración de los hechos, trabajo diplomático a puerta cerrada, mensajes cruzados y mediación continua.

Pakistán, país con frontera común y vínculos históricos con Irán, asumió ese papel de intermediario en las semanas previas al acuerdo de cese al fuego de dos semanas. Así lo relató una fuente anónima a la BBC: las conversaciones “continuaban a su ritmo”, con la delegación pakistaní describiendo el ánimo como "sombrío y serio" y, sin embargo, esperanzado respecto a un alto al fuego.

La relación bilateral jugó aquí su papel. Islamabad define regularmente su relación con Irán como "fraternal", y además el mariscal de campo Asim Munir —a quien el presidente Trump ha llamado su funcionario "favorito"— ha sido presentado por Washington como alguien que conoce a Irán "mejor que la mayoría". Ese capital de relaciones permitió a Pakistán pasar mensajes entre las partes en momentos de tensión extrema.

Pero el camino hasta el acuerdo estuvo a punto de romperse. El ministro de Exteriores pakistani, Ishaq Dar, confesó en el Parlamento que, hasta el lunes, había optimismo sobre una evolución positiva, pero que tras un ataque de Israel contra Irán y la respuesta iraní contra Arabia Saudita, la situación cambió. Aun así, Islamabad “continuaba tratando de manejar la situación lo mejor posible”, dijo la fuente.

Incluso con declaraciones críticas del propio mariscal Munir —quien consideró que el ataque iraní contra Arabia Saudita socavaba "los esfuerzos sinceros de resolver el conflicto por vías pacíficas"—, Pakistán siguió empujando por la diplomacia. El primer ministro Shehbaz Sharif, en X, habló de esfuerzos diplomáticos que avanzaban "firmemente, fuertemente y poderosamente" y pidió la extensión del plazo a dos semanas y la apertura del estrecho de Ormuz por parte de Irán durante ese lapso.

El embajador iraní en Pakistán celebró en la misma red social "un paso hacia delante, en medio de una etapa sensible y crítica". Y finalmente, antes de las cinco de la mañana, el primer ministro anunció el cese del fuego y la invitación a negociar en Islamabad el 10 de abril.

No era un triunfo rotundo ni una solución definitiva. Las fuentes pakistaníes mantienen que la situación sigue siendo de "continua fragilidad": posturas enquistadas, desconfianza mutua y la dificultad permanente de hallar puntos de acuerdo. Pero, sin ese canal pakistaní respetado por ambas partes —con la cercanía personal de Munir al presidente Trump y los lazos históricos con Irán—, lo que se consiguió habría sido improbable.

Que lo alcanzado sea temporal y limitado no disminuye su valor: en un tablero donde las amenazas retóricas y los ataques militares podían presagiar un derrumbe mayor, la mediación discreta de Pakistán abrió una ventana para la negociación. Esa ventana, por ahora, exige prudencia y realismo; pero también un reconocimiento explícito: la diplomacia silenciosa, llevada por un tercero con credibilidad de ambas orillas, fue decisiva para evitar que la crisis se convirtiera en una conflagración a mayor escala.

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