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Ormuz convertido en cuenco de incertidumbre: casi 100 barcos se arriesgan al paso

Análisis sobre quiénes cruzan el estrecho y por qué la navegación se ha desplomado

Redacción Más España

Redacción · Más España

20 de marzo de 2026 3 min de lectura
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Ormuz convertido en cuenco de incertidumbre: casi 100 barcos se arriesgan al paso
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El estrecho de Ormuz, arteria vital del comercio energético global, ya no es un simple corredor comercial: es un tablero de control y presión. BBC Verify registra que, desde principios de marzo, han cruzado el paso 99 buques según datos de la consultora Kpler. Esa cifra, escueta y elocuente, contrasta con los 138 barcos diarios que transitaban antes del inicio de la guerra el 28 de febrero, cuando por allí pasaba una quinta parte del petróleo mundial.

Este descenso del tráfico —un 95% menos a diario— no es accidente ni coincidencia: es efecto directo de los ataques periódicos en la zona y de una política de facto de control marítimo. Nuestro análisis de los movimientos registrados muestra que aproximadamente un tercio de los cruces recientes estuvieron ligados a Irán: 14 navíos bajo pabellón iraní y otros sujetos a sanciones relacionados con el comercio petrolero de Teherán. No son datos menores; son la radiografía de quiénes asumen el riesgo en estas aguas.

También aparecen en las estadísticas buques vinculados a empresas con direcciones chinas (nueve) y barcos con destino a la India (seis). Hay además embarcaciones sin lazos aparentes con Teherán que, sin embargo, atracan en puertos iraníes, incluso algunas de propiedad griega. La diversidad de banderas y propietarios no disimula la realidad: la presión sobre la ruta obliga a alternativas peligrosas.

Una de esas alternativas es la navegación pegada a la costa iraní. Los rastreos muestran, por ejemplo, que un petrolero con bandera pakistaní el 15 de marzo evitó la vía central y navegó cerca de la costa, una maniobra que, según expertos citados por la BBC, puede obedecer a instrucciones iraníes o al temor a minas. Al virar hacia aguas territoriales iraníes, los buques se someten a las reglas de Teherán y salen de la vía comercial internacional; así se transforma un paso común en un corredor bajo control.

La amenaza es múltiple y real. BBC Verify documentó 20 ataques a buques mercantes desde el inicio del conflicto, no todos directamente en el estrecho, pero sí en su entorno. El 11 de marzo el granelero Mayuree Naree, con bandera tailandesa, fue alcanzado por dos proyectiles: tres de sus 23 tripulantes siguen desaparecidos y los supervivientes quedaron traumatizados. Ese mismo día fueron atacados el Star Gwyneth, de propiedad griega, y el MT Safesea Vishnu, de propiedad estadounidense; en uno de esos incidentes una persona murió mientras el barco estaba anclado frente a las costas de Irak y 28 tripulantes se vieron forzados a lanzarse al mar.

Drones, misiles, lanchas rápidas de ataque y la posible presencia de minas conforman un cóctel que dificulta cualquier tarea de limpieza y seguridad. Un dragaminas —herramienta lenta y meticulosa— pierde eficacia si es hostigado desde el aire y desde la costa. La geografía misma del estrecho, angosto y poco profundo, con costas montañosas que permiten ataques desde altura, multiplica la vulnerabilidad de las naves.

Ante este panorama, muchos capitanes optan por apagar su AIS, el sistema de identificación automática, y moverse en silencio. Kpler confirma que la gran mayoría de los barcos han cruzado con los rastreadores desactivados. Es una respuesta práctica a la amenaza, pero también una señal de cuán alterada está la normalidad marítima: la opacidad aumenta el riesgo, complica la asistencia y hace más difícil documentar responsabilidades.

Así se perfila Ormuz hoy: un estrecho cuyo tránsito estratégico queda condicionado por intereses, amenazas y acuerdos tácitos. Algunos buques parecen transitar con algún arreglo con las autoridades iraníes que les garantice seguridad si mantienen una ruta definida; otros pagan el costo humano y material de un paso cada vez más inseguro. Lo que hasta hace meses era un flujo continuo del comercio mundial se ha transformado en un pasaje controlado y peligrosamente fragmentado. El mundo lo observa: lo que ocurra en Ormuz no es solo un conflicto regional, es una prueba del grado de seguridad que pueda sostenerse en rutas que alimentan economías enteras.

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