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Medios del régimen iraní: silencio, exageración y montaje en plena guerra

La cobertura estatal mezcla omisiones, cifras infladas y manipulación digital mientras el país queda aislado

Redacción Más España

Redacción · Más España

19 de marzo de 2026 2 min de lectura
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Medios del régimen iraní: silencio, exageración y montaje en plena guerra
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El pulso informativo tras los primeros ataques dejó al descubierto la función primordial del aparato mediático de la República Islámica: controlar el relato. Cuando, el 28 de febrero, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu sugirió indicios sobre la muerte del líder supremo, Alí Jamenei, los iraníes que sintonizaron la televisión estatal se toparon con el silencio. Ningún funcionario lo confirmó ni lo desmintió. Fue la voz de la Presidencia de Estados Unidos y la posterior declaración pública de Donald Trump en redes sociales las que precipitaron la cobertura oficial, que no llegó de inmediato.

Ese retraso no fue un descuido: fue la demostración de un sistema mediático que mide y filtra la información según la conveniencia política. La BBC constató cómo, en los días posteriores, los canales estatales priorizaron el sufrimiento civil, los llamamientos a la venganza y la exaltación de la lealtad a la República Islámica, mientras dedicaban escasa atención a las instalaciones militares y gubernamentales atacadas por Estados Unidos e Israel.

En paralelo, la hiperbolización de los daños infligidos al “enemigo” se convirtió en norma. Medios semioficiales, como la agencia Tasnim —vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria—, difundieron cifras que inflaban dramáticamente las bajas estadounidenses: el 3 de marzo Tasnim informó que 650 militares estadounidenses habían muerto en los dos primeros días de la guerra, citando a un portavoz del CGRI. El Pentágono, en cambio, confirmó la muerte de seis soldados en aquel momento; días después, el Comando Central de Estados Unidos confirmó siete bajas más.

No se trató solo de números: la tecnología entró en escena como herramienta de fabulismo. Canales estatales compartieron imágenes falsas y videos generados por inteligencia artificial para ilustrar ataques —como un video de un rascacielos en Bahréin en llamas que mostraba señales de manipulación digital—. Incluso publicaciones que luego fueron eliminadas circularon lo suficiente como para ser reproducidas fuera del país.

Ese ecosistema informativo no opera en vacío: funciona sobre la base de un entorno cerrado. La BBC recuerda que el acceso a fuentes independientes en Irán está limitado por cortes de internet, censura y restricciones a canales extranjeros, lo que convierte a la televisión y a las emisoras estatales en la principal ventana de información para buena parte de la población. Reporteros Sin Fronteras coloca a Irán entre los países más represivos en libertad de prensa, y la mayoría de las redacciones extranjeras con servicio en persa no pueden informar desde dentro del país.

El resultado es una narrativa diseñada: mostrar fortaleza, exagerar los éxitos militares del régimen y moldear la percepción pública en un momento crítico. No es mera propaganda anecdótica; es una estrategia sistemática que mezcla hechos, omisiones y artificios digitales para imponer una sola versión de la realidad.

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