EE.UU.

La tormenta arancelaria de Trump: un año que reconfiguró el comercio mundial

Aranceles en máximos, cadenas rotas y aliados que buscan refugio

Redacción Más España

Redacción · Más España

5 de abril de 2026 3 min de lectura
Compartir
La tormenta arancelaria de Trump: un año que reconfiguró el comercio mundial
Mas España
Mas España Logo

Hace un año, Donald Trump prometió recuperar la manufactura y blindar la economía estadounidense mediante una oleada de aranceles. Un año después, esa promesa ha dejado una estela tangible: la tasa efectiva media de aranceles de Estados Unidos se ha disparado a alrededor del 10%, frente al 2,5% de principios de 2025. No son retóricas: son cifras que cortan cadenas de suministro y reordenan mercados.

La primera consecuencia es la aceleración de la ruptura entre Washington y Pekín. El llamado Día de la Liberación supuso la introducción de un arancel mínimo del 10% sobre muchos productos extranjeros y gravámenes aún mayores para ciertos países, entre ellos China. La respuesta china y la sucesión de medidas cruzadas llevaron a que los aranceles alcanzaran, por momentos, cifras de tres dígitos y paralizaran parcialmente el flujo comercial entre las dos mayores economías. Aunque las tensiones se atenuaron hacia finales de 2025, los efectos ya estaban escritos: los productos chinos enfrentaban aranceles, en promedio, un 20% superiores a los de comienzos de año.

El comercio bilaterial sufrió un golpe rotundo. Las importaciones estadounidenses procedentes de China cayeron aproximadamente un 30% durante el año, y los envíos de Estados Unidos hacia China se redujeron en más de un 25%. La participación de China en el total de importaciones de EE. UU. se desplomó por debajo del 10% a finales de 2025, frente al más del 20% registrado en 2016. Datos que hablan de una desvinculación efectiva, no de mera amenaza: empresas y cadenas productivas tomaron decisiones de relocalización, aumentando las inversiones y el comercio con países como Vietnam y México.

En segundo lugar, los socios y proveedores tradicionales de Estados Unidos han buscado alternativas. Los aranceles sobre productos específicos —acero, madera, automóviles—, la eliminación de la franquicia de envíos con valor inferior a US$800 y otras medidas han empujado a exportadores y gobiernos a diversificar destinos y reforzar lazos entre ellos. Países europeos como Alemania, Francia y Polonia ganaron cuota frente a Estados Unidos en algunos mercados, y naciones como Canadá vieron la necesidad de ajustar su propia política comercial. Aunque las importaciones globales hacia EE. UU. crecieron más del 4% el año pasado, ese aumento fue más lento que el año anterior y encubre profundas reorientaciones geográficas y sectoriales.

Tercero, la presión arancelaria dejó consecuencias políticas y comerciales entre aliados. Washington logró avances puntuales en acuerdos diseñados para abrir mercados a sectores estadounidenses, como la agricultura, pero al mismo tiempo alejó a aliados que buscaron proteger sus intereses. Un ejemplo claro: Canadá, finalmente exento en la práctica de la mayoría de los aranceles, decidió reducir aranceles sobre miles de vehículos eléctricos fabricados en China del 100% a aproximadamente el 6,1% —un movimiento que supone un giro de calado en las preferencias comerciales y que refleja la complejidad de las respuestas aliadas.

Por último, el balance global no es catastrófico en términos de volumen total: "el comercio mundial en su conjunto se ha mantenido bastante bien", reconocen algunos expertos. Pero ese aparente statu quo oculta una reconfiguración dolorosa: empresas que rehacen cadenas de valor, países que redibujan socios preferentes y flujos comerciales que cambian de rumbo. El hecho objetivo es que muchas de las transformaciones observadas responden a decisiones ya en marcha y pueden prolongarse, con independencia de futuros gestos de política arancelaria en Washington.

Así pues: no se trata de una simple subida temporal de impuestos fronterizos. Se trata de una política que ha elevado aranceles a niveles no vistos en décadas, ha acelerado la desvinculación de Estados Unidos de China en términos de comercio directo, ha forzado a aliados y proveedores a buscar alternativas y ha dejado una huella que tenderá a perdurar en las reglas y rutas del comercio mundial. Hechos, no retóricas. Hechos que reclaman respuestas estratégicas y no improvisaciones.

También te puede interesar