La guerra por instinto: Trump improvisa mientras Irán resiste
La estrategia estadounidense chirría frente a un Teherán que no colapsa tras los bombardeos

Redacción · Más España


Los hechos son tozudos y golpean con la claridad del sentido común: hace semanas Estados Unidos e Israel lanzaron ataques aéreos contra Irán que acabaron con la vida del líder supremo, ali Jamenei, y de sus asesores más cercanos. Lejos de derrumbar al régimen, Teherán continúa funcionando y contraatacando.
En Washington, la escena parece regida por la improvisación. El propio presidente Donald Trump ha dicho que la guerra terminará “cuando lo sienta, lo sienta en los huesos”. Esa frase revela, sobre el terreno, una conducción basada en el instinto más que en un proceso de planificación que permita adaptarse cuando lo inesperado ocurre.
La comparación que algunos han hecho con la operación de enero contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro —detenido junto a su esposa y trasladado a Nueva York, donde esperan juicio, y sustituido en la presidencia por la vicepresidenta Delcy Rodríguez— no se sostiene sin matices; sin embargo, en la Casa Blanca hubo quien pareció esperar una repetición de aquella victoria relámpago y no la resistencia prolongada de Irán.
La realidad del conflicto trae otra cifra que no debe perderse de vista: según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), los bombardeos han provocado la muerte de 1.464 civiles iraníes hasta la fecha. Esos números describen el coste humano inmediato de una campaña que ambos líderes —Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu— esperaban que produjera una reacción popular interna que tumbara al régimen. Esa expectativa no se ha cumplido.
La lección histórica que resuena es sencilla y peligrosa: la planificación importa. La experiencia de estrategas y antiguos mandatarios —recordada en estos días por analistas— subraya que en la guerra importa tanto la capacidad de diseñar planes como la disciplina para revisarlos cuando fallan. Confiar en la intuición del líder y en un equipo que, según informes, prioriza la ejecución frente al asesoramiento crítico, deja al poder ejecutivo sin la brújula que exige un conflicto de esta envergadura.
Mientras Netanyahu parece moverse con una estrategia más nítida, la administración estadounidense muestra signos de vacilación. Esa falta de dirección política clara merma la eficacia de la fuerza militar y complica la búsqueda de un final con seguridad y estabilidad para la región.
No es hora de maquillajes retóricos ni de victorias proclamadas por decreto. Los hechos —los muertos, la supervivencia del régimen iraní, las declaraciones y la forma de tomar decisiones— exigen honestidad estratégica y planificación rigurosa. Cualquier camino que ignore esa realidad no hará más que prolongar la guerra y aumentar el sufrimiento en Medio Oriente.
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