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La guerra contra Irán: la coyuntura que Putin no desaprovecha

Cómo el conflicto en Oriente Medio refuerza la posición estratégica y económica de Moscú, sin borrar sus contradicciones

Redacción Más España

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12 de marzo de 2026 3 min de lectura
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La guerra contra Irán: la coyuntura que Putin no desaprovecha
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Vladimir Putin ha tomado la palabra en la crisis iraní con la misma teatralidad con la que ofrece soluciones: proclamarse pacificador internacional. Pero la historia reciente pesa. Fue el líder del Kremlin quien ordenó en 2022 la invasión a gran escala de una nación soberana, un acto condenado por la Asamblea General de la ONU como violación de la Carta de las Naciones Unidas. Esa paradoja —pedir desescalada mientras se sostiene una guerra de desgaste en Europa— define la naturaleza utilitaria del gesto ruso.

En los hechos, Moscú no ofrece un tratado de defensa mutua con Teherán, sino una asociación estratégica cuyo núcleo es práctico y relacional. Esta misma semana Putin reafirmó el "apoyo inquebrantable" del Kremlin a Irán. Y aún así, al mismo tiempo, se ofrece a mediar: propuesta que suena improbable si se atiende a la coherencia moral que exigiría la palabra "mediador".

La conversación telefónica entre Putin y Donald Trump añade otra capa a la lectura. Según el Kremlin, Putin presentó ideas para una resolución diplomática, apoyadas en contactos en la región. Para Rusia, más allá del gesto, esto es una oportunidad para fortalecer su imagen en el Golfo y presentarse como potencia influyente en Oriente Medio. También es una vía para profundizar relaciones de trabajo con la Casa Blanca, relaciones que Moscú valora por su utilidad respecto a los objetivos bélicos en Ucrania.

No es menor el componente económico. El conflicto ha empujado los precios mundiales del petróleo al alza, lo que supone un impulso directo a los ingresos del gobierno ruso. El presupuesto federal de Rusia estaba calculado en base a un crudo de 59 dólares por barril; en las últimas semanas el petróleo llegó a rozar los 120 dólares por barril antes de moderarse, pero permaneció muy por encima de esa referencia. Ese diferencial no es poesía: si los precios se mantienen altos, Moscú obtiene mayor capacidad para sostener su esfuerzo bélico.

El pulso sobre las sanciones añade tensión a la ecuación. Trump ha sugerido levantar sanciones petroleras a "algunos países" para paliar la escasez derivada de la guerra con Irán. Si las medidas se relajaran respecto a Rusia, las ganancias financieras para Moscú serían mayores, y el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, ya advirtió que ello supondría un duro golpe para Kyiv, pidiendo a Trump que no proceda en ese sentido.

En el tablero informativo ruso se percibe la ambivalencia del momento: mientras el Kremlin evita criticar a Trump por sus pasos en la crisis iraní, la prensa progubernamental y algunos medios independientes se mueven en claves distintas. Un diario pro-Kremlin ve en los precios altos del crudo una razón para que Occidente levante sanciones; otros rotulan con dureza la gestión estadounidense.

La conclusión mínima que dejan los hechos es ésta: Putin capitaliza la crisis iraní sin renunciar a su propio conflicto. Ofrecerse como mediador mientras se mantiene una guerra en Ucrania y se cosechan beneficios económicos por la subida del petróleo es, en definitiva, un acto práctico antes que una redención moral. Rusia explota la coyuntura internacional para ganar influencia y recursos; la mayor pregunta es si esa ganancia servirá para alterar de verdad las correlaciones de poder o si, por el contrario, certificará la doblez estratégica que ya ha marcado su política exterior.

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