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La estrategia de Washington: empujar hasta quebrar la Revolución

La combinación de medidas de Trump y el vaciado de combustibles amenaza con desmoronar el sistema cubano desde dentro

Redacción Más España

Redacción · Más España

14 de marzo de 2026 2 min de lectura
La estrategia de Washington: empujar hasta quebrar la Revolución
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La imagen de una mujer cocinando con leña en una choza, exhibida en el Museo de la Revolución, ya no es solo una alegoría histórica: es la realidad cotidiana de familias habaneras. Lisandra Botey, su hija sin desayuno y un obrero sin trabajo describen con palabras crudas lo que las cifras no necesitan explicar: "Todos los días es la misma hambre, la misma miseria".

No es un fenómeno aislado. La economía cubana, golpeada desde la pandemia, sufre ahora un nuevo e intenso estrangulamiento por el suministro de petróleo. Venezuela, hasta hace poco pilar energético de la isla, ha dejado vacío su lugar tras la acción de Estados Unidos el 3 de enero que derrocó a Maduro en Caracas, según el relato periodístico. Washington, además, ha intensificado el embargo y amenazado con imponer aranceles a cualquier país que envíe crudo a Cuba. En paralelo, el Departamento del Tesoro anunció esta semana una relajación limitada de restricciones para ventas de petróleo "con fines comerciales y humanitarios"; una medida puntual en medio de un cerco mayor.

¿Es casualidad que los apagones duren 15 horas y que hospitales y escuelas funcionen a medias al mismo tiempo que se estrecha el acceso a combustible? ¿O es una política deliberada para exponer al pueblo cubano a un desgaste que haga insostenible el modelo estatal? El propio Donald Trump ha dicho que "Cuba está lista para caer". El secretario de Estado Marco Rubio ha anunciado investigaciones sobre un tiroteo reciente en el que, según el gobierno cubano, guardias fronterizos mataron a cuatro personas que viajaban en una lancha procedente de Estados Unidos.

El cálculo parece nítido: agravar la crisis interna hasta crear condiciones de descomposición social y política que faciliten un cambio de régimen. Ese era, según analistas citados, uno de los efectos esperados del derrocamiento de Maduro: eliminar la última vía de suministro energético a la isla y acelerar el debilitamiento del sistema.

Queda la incógnita sobre la respuesta del propio gobierno cubano. La historia registra la capacidad del régimen para sobrevivir a crisis profundas. Pero sobrevivir y sostener el proyecto político no son sinónimos. Cuando las cocinas vuelven a la leña, cuando la basura se amontona y las escuelas cierran, la narrativa fundacional —la que contrasta la Cuba de chozas con la Cuba revolucionaria— entra en erosión. La política exterior de Washington ha modificado el tablero y, con ello, ha elevado las apuestas: no solo sanciones, sino una estrategia cuyo efecto inmediato es el sufrimiento de la población.

En esa cuenta no caben ingenuidades: hay decisiones internacionales que se traducen en hambre doméstica. Y cuando la presión externa coincide con la agonía de servicios básicos, el resultado es imprevisible. ¿Resolverá el ajuste táctico de la Casa Blanca la ecuación del cambio que proclama? ¿O abrirá, por el contrario, una etapa de convulsión cuyo desenlace nadie puede garantizar? Mientras tanto, familias como la de Lisandra siguen buscando leña en la playa cada mañana y esperando, con resignación y miedo, el próximo apagón.

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