La escuela, laicismo y el velo: ¿quién decide la libertad de una joven?
El caso de Eman Akram reabre la encrucijada entre derecho a la educación y presunciones ajenas sobre la autonomía femenina

Redacción · Más España


Hace unos días una resolución judicial autorizó que Eman Akram, una adolescente de 17 años, regresara a su instituto en Logroño portando el hiyab cuya prohibición imponía la normativa escolar. Es un hecho puntual que, sin embargo, ilumina una cuestión permanente: qué entendemos por escuela pública y quién tiene la última palabra sobre la indumentaria de nuestras hijas e hijos.
En España la enseñanza reglada religiosa —privada o concertada— está reservada, de hecho, a los católicos o, en su caso, a los cristianos. Un católico puede llevar a sus hijos a un centro vinculado al Opus Dei; un musulmán no puede llevarlos a una escuela de los Hermanos Musulmanes. Ese reparto práctico de la oferta educativa interpela el principio de laicismo y la neutralidad del sistema: ¿la educación pública debe ser un espacio de pertenencia confesional o un ámbito neutral donde primen el derecho a estudiar y la igualdad jurídica?
No estamos hablando solo de la agresividad de la ultraderecha ni de su islamofobia; también hay una controversia dentro del propio feminismo. Un sector del feminismo, al que algunos llaman “feminismo blanco”, interpreta el velo como siempre signo de sumisión y concluye que el acto de velarse jamás puede ser libre. Frente a esa incapacidad para aceptar la agencia de mujeres concretas —como las dos chicas veladas que interpelaron a un auditorio madrileño: “me dicen que me vaya a mi país, cuando yo soy española”— se instala otra forma de tutela: la de la norma escolar, la del Estado, la de quienes deciden por ellas.
Eman tiene 17 años: edad en la que, dentro de una democracia liberal, se reconoce a las jóvenes la capacidad para decidir sobre relaciones afectivas, lecturas, exploraciones y pronto incluso la opción de voto. ¿Por qué, entonces, negarle la autonomía para decidir sobre su indumentaria dentro del marco escolar? Defender la prohibición del hiyab en nombre de una libertad universal corre el riesgo de sustituir una figura patriarcal por otra: se quita poder a la familia o a la comunidad para dárselo a la norma estatal que juzga qué libertad es legítima.
Las experiencias del mundo árabe, donde conviví y trabajé, muestran que el velo no es una única cosa: en lugares distintos y en contextos cambiantes puede ser símbolo de opresión, de desafío o de elección personal. Bajo dictaduras, como la de Ben Ali en Túnez, el hiyab fue prohibido y usado a veces como protesta; tras la caída del régimen, muchas lo adoptaron y muchas otras lo abandonaron. La lección es clara: la signatura cultural de la prenda depende del contexto y de la capacidad de cada mujer para resignificarla.
No todo es blanco o negro. Grandes voces feministas como Nawal as-Sadawi —fallecida en 2021 y conocida por su combate contra prácticas opresivas— advirtieron del doble rasero: “El maquillaje es el velo de las occidentales”, dijo, remarcando que la libertad exhibida por unas no puede convertirse en coartada para imponer otra libertad a las demás.
La discusión pública española debe, por tanto, moverse en términos de laicismo y de derecho a la educación: permitir que una joven española acceda a la enseñanza sin ser sometida a una norma que excluya por su indumentaria. Defender que la escuela sea verdaderamente pública implica que no decida por anticipado qué símbolos son aceptables y cuáles no; implica reconocer la complejidad de la libertad y la vulnerabilidad real de muchas comunidades.
El debate sobre el hiyab no se arregla con decretos punitivos ni con paternalismos bienintencionados. Se resuelve protegiendo el acceso a la educación, respetando la mayoría de edad relativa de las jóvenes como Eman, y reconociendo que la libertad auténtica exige precisamente no sustituir una tutela por otra. Ese es el desafío que tenemos delante: preservar la escuela como espacio laico, igualitario y abierto, sin reducir la libertad de las mujeres a lo que otros decidan que debe ser su libertad.
También te puede interesar
Mantener la Nit de Sant Joan: tradición vigilada y responsabilidad cívica
Permitir la tradición no significa abandono: El Campello regula, limita y supervisa la Nit de Sant Joan con medidas claras. Civicidad y control para que la noche sea festiva y segura.
InternacionalPagos chinos al entorno de Zapatero: preguntas que España merece oír
El auto del caso Plus Ultra expone transferencias de fondos procedentes de consultoras, fondos y sociedades ligadas al ecosistema empresarial chino hacia la cuenta de José Luis Rodríguez Zapatero. Los hechos requieren explicación pública y claridad institucional.
InternacionalTorrevieja convoca a la nación a vibrar junto a la Roja
El municipio transforma su Teatro Municipal en plaza de encuentro: pantalla de gran formato, sistema audiovisual de alta calidad y entrada libre hasta completar aforo para seguir España–Cabo Verde el 15 de junio.