La defensa del individuo frente al Estado: lecciones de la Escuela Austriaca
Miguel Anxo Bastos trae a Alicante un recuerdo incómodo para el intervencionismo

Redacción · Más España


Miguel Anxo Bastos Boubeta, voz destacada de la Escuela Austriaca y referente del liberalismo académico en España, aterriza en Alicante para exponer lo que considera fundamentos ineludibles del pensamiento económico: el individualismo metodológico y el subjetivismo del valor.
No hablamos de abstracciones etéreas, sino de premisas que, según Bastos, obligan a replantear la intervención estatal: los fenómenos sociales solo se comprenden por las decisiones de los individuos que los componen; el valor no reside en una suma de costes sino en la valoración subjetiva de cada agente. Son frases sencillas que resquebrajan discursos técnicos: detrás de una balanza comercial, dice, no hay un ente llamado “España”, sino personas que compran y venden.
Esa pedagogía elemental conduce a conclusiones políticas obvias para el autor: el Estado no debería intervenir los precios ni manipular la masa monetaria, y, en general, debería limitar su injerencia económica. Bastos formula su posición con claridad: “No debería intervenir. Primero porque no sabe y segundo porque no puede.” Palabras directas que invitan a la reflexión sobre los límites y las capacidades del poder público.
Su intervención en el curso Introducción a la Escuela Austriaca de Economía, organizado por el Colegio de Economistas en el marco del Foro Liberal y compartido con otros docentes, no pretende dictar recetas políticas concretas, sino explicar el método y la epistemología que sostienen esas conclusiones: el individualismo metodológico y el subjetivismo del valor como lentes para comprender la economía.
No es debate retórico. Es una apuesta por volver a lo elemental: ¿quién actúa en la economía? ¿Dónde reside el valor de los bienes y servicios? Si las respuestas son las que plantea Bastos, resulta legítimo cuestionar intervenciones públicas que no parten de ese diagnóstico. En Alicante, la discusión promete ser académica, pero también incómoda para quienes aún sostienen la soberanía de la intervención como único camino.
Que un académico de su raigambre —formado en Ciencias Económicas y Empresariales por la USC y en Ciencias Políticas por la UNED, y convertido en divulgador habitual en foros liberales de España y Latinoamérica— traiga estas bases al debate público debería ser recibido como una oportunidad: exigir claridad analítica antes que consignas, y someter las propuestas de regulación a la prueba de sus efectos sobre individuos reales, no sobre abstracciones estatales.
La Escuela Austriaca vuelve así al centro de la discusión local: no para imponer dogmas, sino para recordarnos que la economía comienza por las acciones de las personas y por la valoración que cada una hace de los bienes. Eso, en sí mismo, es una llamada a la responsabilidad de quienes gobiernan y regulan. Y a quienes oyen, una invitación a pensar con rigor antes de legislar.
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