La autopsia que no admite rodeos: Lucas murió por golpes, no por un ‘sobado’
El informe forense describe un patrón de violencia continuada y desmonta la versión de la defensa

Redacción · Más España


La verdad forense ha hablado con claridad cortante: Lucas, el niño de cuatro años hallado sin vida en un búnker de la playa de Garrucha, murió por un traumatismo abdominal violento que provocó un desgarro hepático, hemorragia masiva, shock hipovolémico y fallo multiorgánico. No hay lugar para eufemismos ni para versiones que intenten disfrazar lo evidente.
El Instituto de Medicina Legal de Almería, que ratifica íntegramente su informe inicial, descarta expresamente que las lesiones letales provinieran del suministro de brebajes o de la aplicación incorrecta de maniobras curativas —los llamados «masajes» o «sobados»— que la defensa ha esgrimido como explicación. Es la ruptura de la razón ante la contundencia de los hechos: el golpe letal formó parte de un politraumatismo generalizado.
Pero la tragedia no se reduce a un solo episodio aislado. El informe pericial amplía la radiografía del maltrato: fracturas antiguas en la costilla izquierda y en el húmero izquierdo con callo óseo que datan de tres a seis semanas antes del fallecimiento; hematomas dispersos y mordiscos documentados en un historial médico que ya registró una agresión previa el 19 de octubre de 2025, cuando el menor fue llevado a urgencias con lesiones en piernas, abdomen, tórax, espalda y rostro.
El patrón emerge con toda su crudeza: no fueron accidentes, no fueron negligencias inocuas; fueron golpes y violencia reiterada. El documento pericial puntualiza mecanismos traumáticos plausibles —puñetazos, patadas, objetos contundentes o el lanzamiento contra superficies duras—, sin ambages ni conjeturas vagas. Se construye así, con pruebas médicas y cronologías, un relato de malos tratos continuados durante gran parte de la corta vida del niño.
En el plano judicial, la consecuencia es ineludible: el informe supone un duro revés para la defensa del principal acusado, que alegaba actuaciones negligentes derivadas de maniobras curativas. Hoy ese discurso se desinfla frente a la contundencia del dictamen médico. La madre y su pareja permanecen detenidos y el Tribunal de Vera debe decidir sobre la prórroga de la prisión provisional mientras avanza la instrucción.
No podemos mirar a otro lado. El informe forense no es una opinión: es una pieza clave que obliga a la justicia a seguir todos los caminos hasta el final y que exige, además, una reflexión seria sobre cómo se detectan y previenen los malos tratos infantiles antes de que la cifra del daño se vuelva irreversible. La memoria de Lucas reclama verdad y responsabilidad; la sociedad tiene la obligación de exigirlas.
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