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La ausencia que habla: Albares evita Kiev y envía a su número dos

El ministro no acudió al acto europeo en recuerdo de la masacre de Bucha; España estuvo representada por su secretario de Estado

Redacción Más España

Redacción · Más España

31 de marzo de 2026 2 min de lectura
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La ausencia que habla: Albares evita Kiev y envía a su número dos
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La Unión Europea convocó a sus ministros para acudir a Kiev en la efeméride de una de las páginas más sangrantes de la invasión: la masacre de Bucha, al norte de la capital, donde se calcula que fueron asesinadas 400 personas hace cuatro años. Fue un gesto colectivo de reafirmación del apoyo al pueblo ucraniano y de deliberación sobre cómo avanzar ante un conflicto que persiste más allá de los titulares.

Sin embargo, en esa cita, que reunió a la alta representante Kaja Kallas, al ministro ucraniano Andri Sibiga y a homólogos y representantes de todos los Estados miembros, España no estuvo representada por su titular de Exteriores. José Manuel Albares no participó en la reunión informal del Consejo de Asuntos Exteriores celebrada en Kiev; en su lugar viajó el secretario de Estado Diego Martínez Belío.

No es un detalle anecdótico: la escena de una capital que recibe a sus aliados para recordar una matanza y buscar respuestas políticas merece la presencia de quien ostenta la máxima responsabilidad del Ministerio. Sea cual fuere la explicación, el hecho es que la voz española en el acto europeo por Bucha la pronunció el número dos del departamento.

La cita no era una reunión ordinaria: se convocó expresamente en la capital ucraniana con ocasión de la efeméride de Bucha, y en ese marco los representantes europeos manifestaron su respaldo a Ucrania y abordaron esfuerzos para avanzar hacia una solución al conflicto, ya con más de cuatro años desde el inicio de la invasión. La foto política, por tanto, cobraba significado simbólico y práctico: solidaridad, memoria y coordinación.

España estuvo presente, sí; pero con una representación que, en la solemnidad del escenario, no equivalió al cargo que encabeza la diplomacia española. El gesto y la logística existen; queda, ahora, el juicio de la opinión pública y de los propios actores sobre si la sustitución fue suficiente frente al peso histórico y moral del lugar y la fecha.

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